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Adaptarse al Nuevo Mundo [Columna]

29 de abril de 2019

El avance tecnológico ha cambiado, en cierta forma, la manera de comunicarnos, y esos cambios han puesto a un enorme grupo de personas en situaciones a veces incómodas, que terminan atentando contra la fluidez que deberían tener algunos procesos claves en el mundo deportivo, como la comunicación y el aprendizaje.

Lic. Germán Diorio Psicólogo | MN 54496 | Especialista en Deportes y Manejo de Grupos.

El Capitán de la Selección Argentina de básquetbol, Luis Scola, pintó un panorama muy claro respecto a este tema cuando se lo consultó acerca de cómo es esto de convivir con chicos tan jóvenes en el Equipo Nacional: “Los chicos tienen otra forma de vivir la vida diferente a la nuestra porque los mundos cambiaron, sobre todo en los últimos diez años… Esto está muy hablado, con la aparición de Facebook, Twitter, Instagram, la PlayStation… La sociedad se maneja de forma diferente. A mi modo de ver ni mejor ni peor, simplemente diferente. Y me gusta esa interacción, me gusta escucharlos”.

El mundo cambió y el deporte no le va en zaga. Los físicos son diferentes, hay más tecnología, scouting y soportes de distintas especialidades, incluso, aunque aún con menos participación de la deseada, lo psicológico. Pero la vida es muy diferente. No hay tiempo para nada, un altísimo porcentaje de chicos viven entre la doble escolaridad y las múltiples actividades, en muchos casos, porque Papá y Mamá trabajan; y los tiempos libres en lugar de en la plaza, el club o el potrero, se viven frente a la computadora. Los chicos chatean más de lo que hablan, y entre el teléfono inteligente y la compu son capaces de sostener más de 5 conversaciones a la vez, con el agravante que no le prestan la debida atención a ninguna.

Los adolescentes de hoy no son como los de antes en muchísimos aspectos. Pero como contrapartida, en algunas estructuras deportivas se intenta imponer métodos de trabajo basados en experiencias antiguas, que no siempre están adecuados a esta época de cambios.

Los niveles de exigencia deportiva a veces no están del todo a tono con la realidad de los chicos. La vieja escuela, amparada en la experiencia y en los buenos resultados de otros tiempos, sostiene: “cuanto más jueguen mejor”, y así vemos, pasada cierta edad, chicos que juegan en 2, 3 y hasta 4 categorías o equipos.

“Nada mejor que jugar”, dicen algunos formadores. Pero desconocen tal vez que ese chico/a, en esas 3 o 4 categorías juega y entrena, multiplicando hasta límites exorbitantes la cantidad de estímulos semanales entre entrenamientos y partidos, a los que tiene que sumarles las cargas horarias que vienen con el colegio y la vida social.

“Si quiere ser deportista tiene que resignar cosas”, dicen muchos de esos formadores, sin tener en cuenta tal vez que los chicos de hoy parecen más despiertos en muchas cosas respecto a los de antes, pero esa rapidez no siempre tiene el sustento emocional que necesita un joven para saber realmente lo que quiere, por lo que la adolescencia parece haberse estirado varios años, y así tenemos deportistas de más de 20 actuando como autómatas que responden a ordenes e instrucciones por obligación, lo que tiene su correlato en la vida deportiva, ya que muchas de las cosas que hacen se llevan a cabo sin la convicción necesaria que trae de la mano el aprendizaje, lo que provoca que ese deportista pase muchos años de su carrera aprendiendo y reaprendiendo una y otra vez cosas que antes se decían una sola vez y quedaban grabadas a fuego. Incluso, aquellas directamente relacionadas con su quehacer deportivo, como la alimentación, los cuidados y ni hablar de cómo prepararse mentalmente para un acontecimiento.

El deporte de estos tiempos insume mucho desgaste intelectual, ya que, a las tan mentadas presiones y expectativas, hay que sumarle que la evolución en lo táctico lleva en muchos deportes a estudiar y aprender permanentemente. El mundo cambió, y el deporte, si bien se va actualizando, en algunos estratos aún se debate entre la exitosa metodología de otros tiempos y la necesidad de aggiornarse.

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