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Así escribí “Somos Belén”, un libro nacido de una gran frustración y de una gran esperanza

4 de diciembre de 2019

Tras el rechazo por parte del senado al proyecto de legalización del aborto.

La gran frustración fue hace poco más de un año, la madrugada en la que los senadores rechazaron el proyecto de legalización del aborto, con argumentos que en muchos casos eran ofensivos para las mujeres y en tantos otros, se basaban en una gran mentira: que en la Argentina no había mujeres presas por aborto.

La gran esperanza tuvo dos momentos. Cuando en esa noche lluviosa terminamos bailando y cantando con unas pibas que cantaban contra el patriarcado frente al edificio del Congreso. Eran miles. Éramos decenas de miles.

Dos semanas después estaba en Santa Marta, Colombia, gracias a la invitación de Paola Bergallo. Me quedé dormida para la primera conferencia del segundo día, nunca logro dormir más de 5 horas y a veces me cuesta arrancar. Les pregunté a las integrantes de la delegación argentina qué me había perdido. Silvia Lospennato, Eleonora Lamm, Lourdes Bascary y Paola me contaron que las chilenas habían contado lo importante que fue la película Una mujer fantástica para que se tomara conciencia sobre la necesidad de la Ley de identidad de Género en Chile. “A mí me gustaría contar la historia de Belén. Quiero que todos en Argentina sepan que hubo una mujer presa por un aborto espontáneo”. “Vos deberías hablar con Belén”, me contestó Lourdes.

Llevé un listado de veinte acciones para hacer para seguir peleando por la legalización del aborto en el próximo desayuno en Buenos Aires con Paola. Ella, como todos los que me conocen, me sugirió que me focalizara en una sola cosa. Belén, quiero escribir sobre Belén. Es lo suficientemente importante como para que te concentres en eso primero, me dijo.

Belén es un nombre ficticio. La chica que quedó presa luego de concurrir al hospital Nicolás Avellaneda en Tucumán por un dolor abdominal, y que gracias a la defensa feminista de Soledad Deza y al movimiento de mujeres quedó en libertad, aún no se siente tranquila para darse a conocer. La Corte Suprema de Tucumán la absolvió y señaló la tremenda injusticia que había sido el trato que recibió y que haya permanecido detenida durante tanto tiempo. Pero la sociedad patriarcal la sigue condenando: el aborto está en el Código Penal.

¿Qué tengo que hacer? Contarle a Soledad Deza la idea de escribir un libro sobre el caso y preguntarle si está de acuerdo. Pedirle que le consulte a Belén si le parece que podremos encontrarnos para que le cuente en qué estoy pensando. Soledad asiente. Belén duda y finalmente me pide que lo escriba. Ahí me sumerjo en la historia de esta tremenda injusticia que tiene como base a la provincia de Tucumán.

Es jueves 14 de noviembre. Para sorpresa de todos, yo incluida, el libro ya está impreso, distribuido y es el día de la presentación. Liliana Ronconi, de la Comisión de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho, me había convencido de que acepte hacerla en el Salón de Actos. “Es demasiado grande, soy tímida, no va a ir tanta gente”. Eleonora Lamm me dice que publicar el libro es un hecho político. Tiene que ser en el salón de actos. Me ilusiono con que Eleonora estará en primera fila ese día y le digo que sí.

Belén quiere estar pero sin darse a conocer. Igual quiere ir a la peluquería así que vamos juntas a la del barrio, en la que a menudo veo gente de la televisión. Vamos juntas. Digo que es una amiga. Enseguida se dan cuenta que es tucumana porque uno de los peluqueros y la manicura son de Tucumán también.

Antes de salir recibo el llamado de Vilma Ibarra. “Casi seguro va Alberto Fernández”. Está hablando del presidente electo. Yo había invitado a todo el mundo, desde mis compañeros de running hasta las diputadas y senadoras que votaron a favor de la legalización del aborto. Belén me había pedido que invitara a Chayanne y a Alberto Fernández. A Chayanne no lo llegué a invitar.

Belén se sentó a un costado con mi amiga Magalí. En el escenario, debo confesar, estaban conmigo personas que quiero y admiro mucho. Y que necesitaba tener cerca. Que estuvieron cerca mientras escribí el libro. Ingrid Beck, mi amiga terapéutica, Claudia Piñeiro, mi referente y faro literario, Soledad Deza, la abogada feminista de esta historia. Nelly Minyersky, la maestra de todas nosotros, Dolores Fonzi, la que pone el cuerpo una y otra vez si lo que importa es la causa y Gonzalo Heredia. Sí, también un varón. Porque me vio llorar y porque me dijo que en la presentación quería ir a aprender de las mujeres que iban a hablar. Y porque Belén no se perdió en todo el año ni un capítulo de la novela Argentina tierra de amor y venganza.

Vino el presidente electo pero no la quiso interrumpir a Claudia cuando estaba hablando. Menos mal porque nos hizo reír mucho. Mientras, Belén sacaba un pañuelo verde de una de las butacas y le pedía a Magalí su libro porque no tenía ninguno encima. Firmó el pañuelo y le dedicó el libro a Alberto Fernández. Me lo trajo Julieta Correa de la oficina de prensa de Planeta. “Dice Belén que quiere hablar con él”.

Le transmito el mensaje al presidente electo. Me dice que sí. Sin que nadie del auditorio lo sepa, se reúnen en el foyer, o atrás del escenario para ser más clara. Un abrazo. Él le pide perdón por lo que tuvo que pasar. Ella le pide que se legalice el aborto para que ninguna mujer vuelva a pasar lo mismo. El resto de la conversación sólo ellos la saben.

La presentación estuvo hermosa. No conseguí a nadie que fuera a cantar en el cierre pero terminamos cantando todas.

Belén se quedó a dormir en casa. En el desayuno, antes de que yo saliera a llevar a Malena al cole y de que me fuera a trabajar, Belén me dice sonriente. “Bueno, si sale la ley de legalización del aborto en una de esas me animo a decirle a todos. Miren, yo soy Belén”.

fuente: Ana Correa (infobae)

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