la información que buscás.
sábado, 15 de agosto 16ºC Buenos Aires
Max: 16ºC | Min: 16ºC
TENDENCIAS

Ayana. Vivencias XIX

29 de julio de 2020

Historias para reflexionar.

@policia_odac Policía Nacional de la Oficina de Denuncias y Atención al Ciudadano. España.

Un taxi recorre la ciudad a gran velocidad. No respeta ningún semáforo ni señal, y todos los radares saltan a su paso.

A Juan Carlos, el conductor, no le importa.

En 40 años como taxista, ha vivido de todo; pero nunca lo de esta noche.

Madrid.
4:30 horas de la madrugada de un frío sábado de enero.

A pesar de eso, Juan Carlos suda. Suda tanto, que incluso se le empañan las gafas.

– Tranquila – le dice a la mujer que está sentada en los asientos traseros.

Da un volantazo para no chocar con otro coche.

Cada vez más nervioso, intenta coger su móvil, pero conduciendo a esa velocidad es imposible.
“¿Por qué no compraría ese manos libres” ?, se lamenta a sí mismo.

Vuelve a mirar por el retrovisor.

La mujer llora y grita de dolor.

– Tranquila. Ya estamos cerca ¿Cómo te llamas? – le pregunta para tranquilizarla.
– Ayana
– ¿Ayana? Qué nombre más bonito.

Juan Carlos intenta usar la emisora del taxi.

– ¡Mierda! – grita mientras lanza el micrófono contra el salpicadero. – No funciona. Se salta otro semáforo en rojo. La mujer, vuelve a gritar desesperadamente. – Tranquila, Ayana, tranquila.

Ayana tiene 22 años. Vino a España desde Nigeria hace uno. En su ciudad natal, Asaba, se dedicaba a estudiar y a ayudar en casa con lo que podía. Su vida cambió el día que se marchó a la capital, Abuya, a estudiar en la universidad.

Recuerda ese día como si fuera ayer.
Toda la familia se despidió de ella: su madre, sus hermanos, sus abuelos…Y su padre.
Al él era al que más echaba de menos: sus abrazos, el día que le enseñó a montar en bicicleta, cuando la subía a caballito…

En las comidas familiares, sentados alrededor de una larga mesa, siempre contaba que fue él quien le puso el nombre de Ayana:
– En cuanto te vi por primera vez, supe qué nombre te íbamos a poner – contaba siempre – “Se llamará Ayana”, le dije a tu madre.

Ayana vuele al presente con un grito de dolor.
Sufre tanto, que se tiene que tumbar en el asiento.

– Por favor – le dice a Juan Carlos – me duele mucho. Creo que algo va mal.

Nota el latido de su corazón en las sienes.
El dolor, se hace insoportable.

Por un extraño motivo, vuelve a recordar sus días en Abuya.
El dinero que le mandaba su familia no llegaba para cubrir todos los gastos y pensó que debía hacer algo para remediarlo.

Encontró en la prostitución una manera fácil de ganar dinero; pero también errónea.

Un día, un cliente habitual muy agradable, le propuso ejercer la prostitución en Europa. Afirmaba que, en España, ganaría más dinero en un solo año que en cinco quedándose donde estaba.

Ayana aceptó.

Y esa fue su sentencia de muerte.

En cuanto llegó a España, ese cliente “agradable”, le retiró el pasaporte. Le dijo que la deuda por el viaje ascendía a 30.000 euros, y que si no pagaba, su familia sufriría las consecuencias.

Denunciar a la Policía tampoco era una opción válida.

Ni siquiera se lo planteó tras la noche que fue violada en repetidas ocasiones por ese hombre “tan agradable”.
Desde entonces, vivía asustada.

Estaba en un país que no conocía, haciendo algo que no quería y alejada de su familia. Una familia amenazada de muerte por su culpa.

– Ayana, ya estamos cerca – la voz de Juan Carlos le devuelve otra vez al presente.

El taxi sigue atravesando cruces a gran velocidad sin percatarse en los demás vehículos.

En uno de esos cruces, un zeta tiene que frenar bruscamente para no ser arrollado por un taxi.

En cuanto Juan Carlos se percata de que la Policía lo sigue con las luces y las sirenas puestas, se para a un lado y baja del vehículo.

Gracias a Dios, agentes, gracias – les dice con una mezcla de susto y alegría – Es muy urgente, agentes.

Juan Carlos abre la puerta de los asientos traseros.
Cuando los policías miran al interior, observan a Ayana retorciéndose de dolor encima de un charco de sangre.

Uno de los policías coge su emisora:

– A ver Sala, necesitamos urgentemente una ambulancia en calle…Repito, es muy urgente.

– Dígame ¿Qué pasa ahí? – le responden desde el otro lado.

Por un momento, el policía calla mientras mira a Ayana. Se aleja unos metros.

– Tenemos a una chica de parto en el interior de un taxi. Pero algo no va bien. Por favor, mande una ambulancia. Es urgente.

Caballero – le pregunta a Juan Carlos uno de los policías. – ¿Tiene alguna manta, toalla o algo parecido?

Juan Carlos, sin dejar de mirar a Ayana, tarda unos segundos en reaccionar.

Ayana llora.
Sufre.
Empuja.

Se acuerda de su familia…

Vuelve a empujar.
Le duele inmensamente.

Se acuerda de su madre, de sus abuelos, de sus hermanos, de su padre…

Empuja más.
Está a punto de desmayarse.

Se acuerda de las calles de Asaba, las comidas familiares, de montar en bici…

El lloro de un bebé le devuelve a la realidad.

– ¡Es una niña! – le dice un policía.

Ayana ha perdido mucha sangre. Se le nubla la vista. Sin embargo, logra sonreír.

– ¿Qué nombre le vas a poner? – le pregunta
– Ayana, como yo.
– ¡Qué bonito! ¿Y qué significa?

Ayana, mientras recuerda a su padre otra vez, consigue susurrar:

– Bella flor

Entonces, cierra los ojos para siempre.

Temas relacionados

ÚLTIMAS NOTICIAS