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Clara y Claritas. Vivencias II [columna]

25 de marzo de 2020

Historias para reflexionar.

@policia_odac Policía Nacional de la Oficina de Denuncias y Atención al Ciudadano. España.

Una ambulancia llega a la puerta de Urgencias.

– ¡Vamos, dejen paso! – grita una médica.

Todos los de la sala de espera se giran para mirar quién va en la camilla.

En ella va Clara, una niña de 10 años que se debate entre la vida y la muerte.

– Usted no puede pasar. Lo siento
– ¡Pero si soy su madre!
– Lo siento, espere ahí. Le mantendrán informada.

Nuria, la madre de Clara, se queda de pie, inmóvil, mirando cómo se aleja la camilla por el pasillo del hospital.

Nadie en la sala habla.

Tan solo la miran mientras un silencio incómodo rodea el ambiente.

Temblando de los nervios, se sienta en una de las pocas sillas libres que hay. Aún no se cree lo que ha pasado.

Momentos antes, todo estaba bien:

– ¿Pero entonces vas a jugar de titular o qué?

– Que sí mamá. Este sábado sí. Me ha dicho el entrenador que he mejorado mucho – le contaba Clara mientras se alejaba un poco haciendo como que regateaba.

– ¿Y cuántos goles vas a marcar con tus botas nuevas?
– No lo sé – Clara sonreía – Si meto alguno te lo dedico…

Nuria rompe a llorar.

Piensa en qué caprichosa es la vida y en cómo pasas de ser la persona más feliz del mundo a no encontrarle sentido a nada.

Vuelven otra vez las últimas imágenes de lo ocurrido.

“No lo sé. Si meto alguno, te lo dedico…”

Y de repente…El sonido de un frenazo…Un coche…Clara en el suelo…

Sangre. Mucha sangre…

Tardó en asimilar lo que había pasado.

“Mi hijita… Se va a poner bien. Y marcará muchos goles. Tiene que estrenar la botas nuevas”.

Piensa en ella.

En su pelo negro cortado a media melena; en sus ojos castaños, tan oscuros, que parecen negro azabache; en cuánto le gusta hacer deporte, sobre todo jugar al fútbol…

– ¡Mamá, me han cogido en el equipo!

Nuria recuerda ese día como si fuera ayer. Clara, tras atravesar el pasillo corriendo, le dio un abrazo que casi la tira al suelo.

– ¡Ay, mi niña! ¡Cómo me alegro!
– ¡Sí! ¡Mamá, sí! – Clara saltaba de alegría.

“¡Qué feliz estaba ese día! Te vas a poner bien, ya verás”

– ¿Nuria?

Una voz le saca de sus pensamientos.
Es Ramón, su marido.

Nuria se levanta corriendo a su encuentro y rompe a llorar.

La gente mira una escena en la que ellos son protagonistas.

– Clara…nuestra hijita, es nuestra hijita…

– Se va a poner bien, ya verás – le tranquiliza su marido.

Los dos se abrazan en medio de la sala.

– ¿Pero qué ha pasado? ¿Cómo ha sido? – le pregunta Ramón mientras se sientan.
– Íbamos andando y he escuchado un golpe y Clarita decía que iba a marcar muchos goles y que iba a jugar de titular…
– A ver Nuria, por favor, tranquilízate.

Ramón llora. Intenta parecer calmado.

– Cuéntame, ¿qué ha pasado? – le vuelve a preguntar.

– Que íbamos andando y un coche se ha saltado el semáforo…¡Le han atropellado Ramón! ¡A nuestra hijita! ¡Le han atropellado!

Nuria rompe a llorar de nuevo.
Ramón, también llorando, la abraza.

Pasan las horas y no tienen noticias de Clara.

Nuria está muy nerviosa.

Sale y entra de la sala de espera y pasea por los pasillos. Se fija en los letreros, en las máquinas expendedoras, en las personas…

Entre ellas, hay un hombre que parece estar esperando a alguien.

También está muy nervioso y angustiado.

Nuria escucha sin querer la conversación entre este y un médico.
– Doctor, espere.
– Todavía nada, Carlos. Lo siento. Os avisaremos en cuanto sepamos algo.

El hombre se queda de pie y rompe a llorar.

Nuria sigue caminando…

“Familiares de Clara, pasen a sala 7”, se escucha por megafonía.

Ramón y Nuria se levantan, y abrazados, se dirigen rápidamente al interior del pasillo de Urgencias.

Buscan la sala 7.

Sala 1, 2, 3…

Ramón y Nuria la buscan leyendo los letreros.

Cuando llegan, hay una médica esperándoles. Esta se quita las gafas y, tras unos segundos, les da la noticia:

– Lo siento…

Se escucha un grito de dolor.

Nuria, arrodillada en el suelo, llora como nunca.
Ramón la abraza.

Nuria y su marido están sentados en una sala.

Han pasado ya unas horas desde que vieron, por última vez, el cuerpo sin vida de su única hija.

A pesar del dolor y la tristeza, un reflejo de alegría asoma en sus corazones.

Han tomado una decisión.

Han asimilado que no pueden cambiar lo que le pasó a su hija Clara, pero lo que sí pueden hacer, es salvar la vida a muchas otras “Claras”.

La alegría de Clara será la esperanza de vivir de muchas otras.

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