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Comienza el juicio político a Trump: ¿qué implica el Impeachment en un año electoral?

21 de enero de 2020

Este martes marcó el inicio formal del proceso contra el presidente de los Estados Unidos.

Luego de su rápido trámite en la Cámara de Representantes, se abre formalmente, en el Senado, el juicio político a Donald Trump, tercer presidente en ser sometido a esta intervención pero el primero en afrontarlo mientras avanza, con grandes expectativas, para conseguir la reelección como mandatario de Estados Unidos por los próximos cuatro años.

Si bien la mayoría que ostenta el partido Republicano en la cámara alta hace prever que el neoyorquino evitará su destitución, la convulsión política que genera el procedimiento evidencia cierta efervescencia puertas adentro en el país norteamericano, algo que roza a cada uno de los protagonistas, tanto al propio acusado como a sus posibles contrincantes rumbo a las elecciones de noviembre.

El Impeachment vuelca en el escenario una acusación hacia Trump por supuestas presiones a Ucrania para que encontrara información perjudicial sobre uno de sus principales rivales para llegar a la Casa Blanca, Joe Biden -ex vicepresidente en el ciclo de Barack Obama-, apuntando especialmente a su hijo Hunter, que trabajó para una empresa de ese país europeo.

Con esa carta a disposición, los demócratas habilitaron el juicio, intentando hacer mella en la popularidad del presidente, más allá que son conscientes de las dificultades de superar la barrera republicana en la cámara alta.

La expectativa, entonces, más que en el ir y venir de los testimonios y las distintas pruebas a corroborar, está dispuesta en las condiciones que ese evento específico le impone al año electoral.

Por caso, de por sí trastoca los tiempos de campaña, a escasos días para el arranque de la grilla de primarias, que tendrá su largada el 3 de febrero en Iowa. Allí, del otro lado del arco político, los demócratas iniciarán una travesía que correrá por todo el país y que derivará en el adversario de Trump, una vez estipulado en la convención del partido.

¿Qué indican los sondeos, con la mira en el primer desafío? Que hay cierta paridad entre el propio Biden y Bernie Sanders, ubicando, un poco más atrás, a Elizabeth Warren, todo de la mano de unos debates en las últimas semanas que le brindaron un guiño tanto al hombre de Vermont como a la mujer de Massachusetts, por encima de un ex vicepresidente que, si bien mantuvo su caudal de votos, mostró algunas flaquezas en sus exposiciones.

Aún así, el tramo final rumbo a las primarias en Iowa le abre un panorama alentador a Biden. ¿Por qué? Sus dos contrincantes de más peso deberán estar a kilómetros de distancia, en Washington, presenciando el juicio político, ya que ambos son actuales senadores y estarán entre el centenar de legisladores que delinearán el jurado, a la espera de un veredicto.

Político de raza, fue el propio Sanders el que lamentó esa situación al indicar que “preferiría estar en Iowa”, en plena campaña, y no en la capital, sin poder actuar en el terreno.

Esa particularidad, en la que el juicio condiciona la interna demócrata, fue esgrimida por los propios republicanos, acusando a Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, de dilatar las formalidades del evento, justamente, para que recale en el calendario a la par de las primerias y así favorecer a un candidato específico, en este caso Biden.

El oficialismo, con esos argumentos de parte de sus principales espadas en el Congreso, aprovecha esa circunstancia para minar a un partido demócrata que tiene cuesta arriba las elecciones, pues sabe que, con el desgaste de las internas, se enfrentan a un Trump envalentonado, que considera al impeachment como una simple “caza de brujas” que no tiene sustento y que, según su consideración, caminará, con tranquilidad, hacia su absolución.

Espalda, por lo pronto, tiene el multimillonario: a distancia de lo que auguraban sus detractores, los datos económicos son alentadores en el país norteamericano, sumado a que se tiene actualmente la tasa de desempleo más baja de los últimos 50 años.

A ese plafón interno, Trump le agrega su sazón en el plano externo. Su movimiento en Medio Oriente a principio de año, con la muerte del general iraní Qasem Soleimani, generó una convulsión en esa zona que estremeció al mundo. La respuesta en Teherán se fue diluyendo tras los ataques iniciales y el panorama quedó, por el momento, en stand by, pero con un presidente estadounidense fortalecido, especialmente porque Europa salió a la saga, detrás suyo, mediante los cuestionamientos al acuerdo nuclear que se quebró y propició el alejamiento de Irán. Pero fundamentalmente porque, puertas adentro, consolidó su voto cautivo, ese que le allanó el camino a la Casa Blanca en 2016.

Estados Unidos cuenta con una sociedad cada vez más polarizada, como pocas veces en su historia, y en estos cuatro años Trump fomentó esa tendencia, sacando rédito de eso con movimientos en el tablero internacional sin dejar de observar su “pago chico”. Por eso, en medio de un juicio político que podría destituirlo, se muestra, en contraposición a la oposición, y fiel a su estilo de puro espectáculo, con fuerza y convencido de una reelección.

fuente: diario popular

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