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Cómo la Inteligencia Artificial puede evitar que nos extingamos

Varios proyectos científicos están aprovechando el potencial del aprendizaje automático para intentar proteger la naturaleza.

Cualquier material que nos rodea, desde las tierras raras a los tejidos, desde el plástico a la madera, ha sido extraído de la biosfera. Lo que comemos, las formas con las que nos refrescamos y calentamos, incluso el último modelo de smartphone que compramos: todo proviene de materiales ofrecidos por la naturaleza, que, por tanto, nos convendría proteger.

Si es cierto que los recursos del planeta se están agotando, es igualmente cierto que las herramientas y su eficacia para contrarrestar el fenómeno están aumentando. Los sistemas de inteligencia artificial, en particular, pueden proporcionar una contribución importante en la conservación de la biodiversidad, la lucha contra el cambio climático y la eficiencia energética.

Las interconexiones existentes entre la informática y las ciencias ambientales han producido una nueva disciplina, conocida como informática ambiental, que en su forma aplicativa se convierte en Internet of Environment: la unión de las tecnologías que forman la inteligencia artificial, el big data y el internet de las cosas en proyectos para la conservación del medio ambiente.

El 23 de enero de 2019, en el Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, se presentó el informe “Inteligencia Artificial y Economía Circular. La IA como herramienta para acelerar la transición”, escrito por la Ellen MacArthur Foundation, en colaboración con Google y con el apoyo analítico de McKinsey & Company.

Según el análisis, la IA podría utilizarse para eliminar los desperdicios en el sistema alimentario, y así lograr un ahorro estimado de 127.000 millones de dólares al año. Podría determinarse, por ejemplo, cuándo la fruta está lista para ser cosechada, y así adaptar la oferta de alimentos a la demanda y mejorar el uso comercial de los subproductos alimenticios.

En 2018, el FEM ya abordó el tema con otro estudio titulado: “Aprovechar la inteligencia artificial para la Tierra”. El trabajo se centraba en seis desafíos globales: el cambio climático, la conservación de la biodiversidad, la salvaguardia de los océanos, la seguridad hídrica, la protección contra la contaminación del aire y la prevención de eventos catastróficos.

La investigación identificaba a más de 80 aplicaciones potenciales. Desde vehículos autónomos para optimizar el tráfico, a una mejor gestión y distribución de las energías renovables. Además, la recolección automatizada de datos y las aplicaciones robóticas permitirán la detección temprana de enfermedades y problemas de cultivo, gestionarán granjas y, en general, optimizarán los rendimientos agrícolas. Todo ello reduciendo el consumo de agua, fertilizantes y pesticidas.

La inteligencia artificial también se puede emplear para mejorar los pronósticos meteorológicos, analizando datos en tiempo real sobre eventos climáticos desastrosos, dondequiera que ocurran en el mundo. Gracias a los modelos matemáticos, es posible ofrecer soluciones para prevenir desastres, proporcionar alertas tempranas y coordinar la gestión de las emergencias.

“El aprendizaje automático pronto podrá ser integrado en simulaciones de desastres climáticos para determinar estrategias de respuesta óptimas, de manera similar a la forma en que se usa actualmente la inteligencia artificial para identificar el mejor movimiento en juegos como AlphaGo”, explica Celine Herweijer, uno de los autores del estudio.

La investigadora asegura que gracias al desarrollo de la IA, hoy ya es posible simular algunos eventos meteorológicos a pequeña escala, como las tormentas de viento. En un futuro cercano, cada vez más personas podrán realizar simulaciones, y los pronósticos sobre las consecuencias de los impactos del clima mejorarán rápidamente en los próximos 10 años.

Con información de La Vanguardia

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