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Día de la Independencia, 9 de Julio: mitos y verdades de los días históricos en la Casa de Tucumán

9 de julio de 2019

El historiador Daniel Balmaceda explica los orígenes de la propiedad y por qué es falsa la imagen de los vecinos asomados a las rejas.

Nada de “casita” de Tucumán, ese diminutivo con el que tanto insistían en la escuela primaria y que venía como epígrafe en los imágenes que revistas como Billiken o Anteojito traían para recortar y pegar en el cuaderno. Nada de “casita” porque así no se llama y porque ese intento de minimizar ofende a sus coterráneos. El nombre apropiado, el que está a la altura de los acontecimientos, es Casa Histórica de la Independencia.

Así corresponde llamar a la edificación en la que, el 9 de julio de 1816, se firmó el acta que declaró la independencia de estas tierras y terminó de deshacer el vínculo colonial con España. El nombre de la calle por el que se entra a la casa, que hoy es un museo, empieza a contar la historia: actualmente se llama Congreso de la Independencia, pero en aquel entonces el nombre era Calle del Rey.

“Esa casa funcionó como dote del casamiento de Francisca Bazán con Miguel Laguna. El padre de Francisca entregó la propiedad para consagrar el matrimonio, y cuando ya la administraban sus hijos, tras sus muertes, la pusieron en alquiler para obtener una renta“, cuenta a Clarín el historiador Daniel Balmaceda. Según detalla, “en 1812, la parte más cercana a la calle fue alquilada a comerciantes que vendían comestibles, mientras que toda la edificación posterior al primer patio interno fue alquilada al Estado tucumano”.

“La parte que usaba el Estado funcionaba sobre todo como Aduana, pero luego de la batalla de Tucumán de 1812, en la que el ejército comandado por Belgrano venció a los realistas, se improvisó allí un hospital en para atender a los heridos. Lamentablemente no hay documentación, pero es muy probable que Belgrano haya estado en la Casa de Tucumán antes de volver allí en el año de la Independencia”, sostiene Balmaceda.

La Casa Histórica fue la ubicación alternativa para la reunión de diputados de todo el país que debatieron y confeccionaron el acta independentista. “El Cabildo tucumano podía surgir como opción principal, pero para no mezclar a los diputados de todo el país con los legisladores provinciales se decidió que se hiciera en la casa que el Estado ya alquilaba: hubo que derribar una pared para unir dos salones y allí se sesionaba. Ese fue el único salón que se conservó de la construcción original: el resto, que se deterioró por la falta de mantenimiento, se derribó y volvió a construirse. La única foto de la fachada original, hecha por un italiano en 1869, sirvió de guía para esa reconstrucción”, cuenta el autor de “La comida en la historia argentina”.

“El día que se firmó había unas 31 personas: todos eran varones. Pero contemplando a algunos asesores, en las reuniones más numerosas pudo haber unas 40 personas”, explica Balmaceda. La única mujer que acompañó hasta Tucumán a uno de los congresales fue Calixta Tellechea, esposa de Juan Martín de Pueyrredón, que representaba a San Luis.

Las sesiones en la Casa Histórica, que empezaron el 24 de marzo de 1816, solían hacerse por la mañana: después, siesta y reencuentro a la mañana siguiente. “Las sesiones extraordinarias, que eran secretas y a las que no iba ningún ayudante, eran las que se hacían por la tarde. Sólo en ese momento se prendía la araña de candelabros que había en el salón de sesión: por la mañana alcanzaba la luz natural”, describe el historiador. Según cuenta, ese gran salón no fue el único importante: “Algunos días antes de la firma del acta se habilitó un salón más chiquito en el que algunos diputados trabajaron especialmente en la redacción de ese texto”.

En algún momento de esos meses de debate, explica el historiador, quienes pasaban cerca de la casa en la que se sesionaba empezaron a impacientarse. Para calmar los ánimos, se implementó un cartel en el que cada mañana se daba a conocer el orden del día del debate.

“Se popularizó la imagen de los vecinos agarrados de los barrotes de las ventanas para intentar ver qué pasaba en el salón de la sesión al momento de la firma del acta. Sin embargo, esa idea es falsa: al ser ventanas que daban a un patio interior, no tenían barrotes. Las que sí tenían eran las que daban a la calle, pero allí no se sesionaba”, desmitifica Balmaceda.

Ni Calixta ni Pueyrredón estaban en Tucumán cuando se declaró la Independencia: él había sido nombrado Director Supremo. El 9 de Julio de 1816 estaba camino a Córdoba para reunirse con José de San Martín para delinear la estrategia de la Campaña de los Andes. Las noticias del Congreso de Tucumán viajaron más rápido que Pueyrredón: San Martín ya estaba al tanto cuando el Director Supremo llegó a su encuentro.

Fuente: clarín

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