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El cine LGBTI argentino cautiva en Berlín y el resto de Europa

25 de febrero de 2020

Argentina es uno de los protagonistas del Premio Teddy del festival berlinés, dedicado a la diversidad sexual y de género.

Berlín viste de gala, a su manera. Celebridades y cinéfilos llenan la icónica Potsdamer Platz y muchos cines de la ciudad con motivo de la Berlinale, el popular festival de cine de la capital alemana. Creadores de todo el mundo vienen aquí a compartir sus historias y, en algunos casos y con algo de suerte, llevarse algún galardón.

Uno de los más especiales es el Premio Teddy, dedicado a las películas que dan vida en la gran pantalla a personajes del colectivo LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales). Este año, Argentina es la gran representante de la Latinoamérica hispanoparlante, con tres nominaciones: la coproducción argentino-alemana Las mil y una (Clarisa Navas), El nombre del hijo (Martina Matzkin) y Playback. Ensayo de una despedida (Agustina Comedi). Las historias LGBTI argentinas interesan –e incluso apasionan- en Berlín y en el resto del continente europeo.

Lo cierto es que el cine queer argentino lleva año ganándose los aplausos –y varios premios- a este lado del Atlántico. Un ejemplo: junto con Brasil, es el país latinoamericano que más veces ha ganado el Premio Teddy en sus tres categorías, y el que más lo ha logrado en la de largometrajes: en 2005, con Un año sin amor (Anahí Berneri); en 2011, con Ausente (Marco Berger), y el año pasado, con Breve historia del planeta verde (Santiago Loza).

¿Qué tiene el cine LGBTI argentino que tanto gusta fuera de casa? Ana Nenadovic, de la Universidad Libre de Berlín, insiste en la larga historia que tienen ya las películas de esta nacionalidad que abordan la diversidad sexual y de género. “Son directoras y directores que han obtenido mucha atención desde hace décadas”, dice a DW.

El eterno ejemplo es Lucía Martel, abiertamente lesbiana y convertida hoy en una realizadora de fama mundial por películas como La ciénaga o La niña santa. Otro de los grandes nombres, apunta Nenadovic, es Marco Berger, “que lleva sacando películas muy buenas desde hace muchos años con su mirada propia”. El mismo Berger que se llevó el Teddy en 2011.

Otra característica del cine queer argentino, cree Nenadovic, es “cómo establece un diálogo con las experiencias de la dictadura militar, con las generaciones que vinieron después, con la posmemoria de la dictadura y las luchas de las izquierdas”. Algo muy evidente en el cine de Albertina Carri, donde la búsqueda de la identidad sexual se entrelaza con la búsqueda de la identidad genética resultado del robo de niños durante la dictadura. Algo que, explica la experta en estudios latinoamericanos, no ocurre por ejemplo en el caso chileno.

“Carri siempre le dio un marco político a su visión de la sexualidad”, agrega en entrevista con DW el crítico de cine argentino Diego Trerotola. A su juicio, año tras año los directores argentinos están realizando “películas muy vanguardistas, que no se quedan en testimoniar el costumbrismo LGBTI, sino que proponen ideas nuevas y críticas a la hora de representar las sexualidades y las identidades”. El crecimiento de la ola feminista en Argentina también ha dado sus frutos en este campo: “el cine queer argentino no es un cine de varones, es mixto, muy amplio”. No en vano las tres películas de esta nacionalidad nominadas al Teddy están dirigidas por mujeres.

El académico argentino Santiago Peidro agrega otro factor al éxito internacional de los filmes LGBTI hecho en su país: en la actualidad, “es un cine que reafirma y defiende diferentes identidades, que defiende y reconoce ciertos derechos humanos”, y cree los festivales europeos tienen una especial devoción por este tipo de películas.

¿Por qué entonces Argentina y no, digamos, México o Cuba? Peidro, que lleva años investigando la diversidad sexual y de género en el cine, cree que “la histórica capacidad técnica y artística de la industria cinematográfica argentina se ha sumado a los avances en derechos humanos de la población LGBTI, pues Argentina fue bastante pionera en comparación con otros países de Latinoamérica”.

Trerotola, también director del Festival Asterisco, un importante festival de cine LGBTI de Buenos Aires, también da importancia a las buenas relaciones entre la industria cinematográfica argentina y sus compañeros de gremio europeos. “En los últimos años, con la devaluación argentina, la coproducción con Europa es muy importante”. En ese vínculo ocupa un lugar especial el mítico Pedro Almodóvar, cuya productora está implicada en muchos proyectos de cine queer argentino, por ejemplo en el caso de Lucrecia Martel. De hecho, no se puede hablar del Teddy sin hablar de Almodóvar: el manchego fue el primero en ganar el premio, allá por 1987, con La ley del deseo. Desde su nacimiento, el Teddy siempre ha amado las historias en español.

Y ahí, en ese “lugar binacional con Europa” del que habla Trerotola, el festival que se celebra estos días en Berlín ocupa un lugar especial. “La Berlinale es muy importante para el cine LGBTIQ argentino”, dice el crítico, quien fue jurado del Premio Teddy hace cinco años. El galardón, se atreve a decir Trerotola, “quizás sea el más importante del mundo en el sentido de que fue pionero. Ya solo competir es una bendición para muchos directores”.

En cualquier caso, más allá del premio, lo que parece claro es que el cine queer argentino vive algo así como una edad de oro. Queda por ver si sus directoras se llevarán este año el Teddy, consolidando la trayectoria internacional de las historias LGBTI con pasaporte de Argentina en la gran pantalla. Eso sí, una cosa parece clara: Brasil no se lo pondrá fácil.

(dw/Fotograma del corto “El nombre el hijo”, de Martina Matzkin)

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