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El Estado Islámico nombró un nuevo líder y amenazó con volver a atacar

1 de noviembre de 2019

Se trata de Abu Ibrahim al Hashimi al Qurayshi.

Cinco días después de la operación estadounidense que acabó con su vida, el autodenominado Estado Islámico (IS) ha confirmado la muerte de su líder Abu Bakr al Bagdadi en la localidad siria de Barisha, a seis kilómetros de la frontera turca.

El mensaje se ha producido a través de Al Furqan, el brazo mediático de la organización yihadista que hasta ahora distribuía los discursos y las pruebas de vida del autoproclamado califa y de la cúpula del grupo. Desde última hora del miércoles, Al Furqan había anunciado como inminente un mensaje que todos habían interpretado como el reconocimiento del fallecimiento de quien convirtió al IS en la principal marca de la ‘yihad’ global.

El grupo yihadista también admite el óbito de Abu Hasan al Muhajir, quien ejercía de portavoz. Al Muhajir, de nacionalidad saudí, fue liquidado horas después del asalto a la vivienda donde se escondía Al Bagdadi en una operación paralela llevada a cabo en Ayn al Baydah, a unos 10 kilómetros al sur de Jarablus, una ciudad siria fronteriza controlada por rebeldes sirios apoyados por Turquía.

El anuncio se ha realizado en una alocución de audio de siete minutos de duración titulada ‘Y a cualquiera que cumpla lo pactado con Alá, éste le otorgará una gran recompensa’ y firmada por el nuevo portavoz del IS, Abu Hamza al Qurashi.

Mirá también: El Pentágono revela el vídeo de la muerte de Al Bagdadi

El mensaje anuncia, asimismo, el nombre del nuevo califa: Abu Ibrahim al Hashimi al Qurayshi. El flamante portavoz insta a los simpatizantes del grupo a jurar lealtad al sucesor de Al Bagdadi y amenaza con ataques para vengar su muerte. “No os regocijéis”, le pide a los estadounidenses.

EL ESCENARIO DEL QUE PARTE EL NUEVO IS
De momento, no existe información sobre la verdadera identidad que se halla tras el nombre de guerra de Abu Ibrahim al Hashimi. Uno de los pretendientes con más posibilidades es Al Hajj Abdalá Qardash, un ex oficial del ejército de Sadam Husein que en 2003, tras la invasión estadounidense del país y el desmantelamiento de las fuerzas armadas iraquíes, inauguró -como tantos otros- su travesía hacia el radicalismo.

Abu Ibrahim al Hashimi -elegido por el consejo de la Shura, el órgano del IS donde se dirimen los principales asuntos militares y religiosos- hereda una organización que, tras surgir de Al Qaeda en Irak, Al Bagdadi logró expandir más allá de las fronteras de Siria e Irak, los territorios en los que se construyó un califato que llegó a tener una superficie similar a la de Reino Unido y terminó de derrumbarse hace ocho meses tras la pérdida del último feudo en Siria.

En la actualidad, el organigrama del IS está formado por 14 provincias, que renovaron su lealtad el pasado abril, tras la publicación del último vídeo de Al Bagdadi. Cuatro de las provincias fueron creadas a lo largo de este año: África Central, India, Pakistán y Turquía.

Tras su derrota territorial, el grupo simplificó su estructura y reorganizó muchas de sus filiales proporcionándoles más autonomía con respecto al comando central, escondido entre los pliegues de su califato, donde la organización ha quedado reducida a células durmientes y se ha reconciliado con las tácticas de la insurgencia.

EL FUTURO DE LA ORGANIZACIÓN
En sus últimos meses de vida, Al Bagdadi, de 48 años, trató de presentarse como “un comandante de la ‘yihad’ global”, empeñado en relanzar a la organización allende de su tierra de origen. El grupo está presente en más de 20 países con una telaraña de peligrosidad dispar. Algunas provincias, como sus filiales en el norte de la península egipcia del Sinaí, Libia, el Cáucaso o el continente asiático, están plenamente operativas, mientras que otras, como las de Arabia Saudí o Argelia, se hallan en estado de hibernación desde hace algunos años.

Lograr que las provincias permanezcan unidas y evitar deserciones hacia Al Qaeda y otros grupos rivales son los desafíos que afronta ahora Al Hashimi. “La identidad, las opiniones y el estilo del sucesor tendrán su impacto”, reconoce Asaad Almohammad, investigador del programa sobre extremismo de la Universidad George Washington.

“Deberá luchar por estar a la altura de Al Bagdadi”, agrega el experto. “Puede que existan grupos que intenten llamarse a sí mismos Estado Islámico. Boko Haram podría ser un caso. Algunas ramas podrían alinearse con otras o simplemente centrarse más en la dinámica regional”, pronostica.

Uno de los obstáculos que podría encarar el nuevo califa es la información secreta sobre el grupo que Al Bagdadi tenía en su guarida y que fue requisada por las fuerzas especiales estadounidenses durante el ataque. “No sabemos cuán valiosa era. Es algo que podría complicarle las cosas al nuevo líder”, apunta Almohammad.

Fuente: El Mundo

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