la información que buscás.
martes, 22 de septiembre 10ºC Buenos Aires
Max: 11ºC | Min: 9ºC
TENDENCIAS

Fin de la década: cuál es la tecnología que nos dejó y que nos resulta imprescindible. Parte I

1 de enero de 2020

Fue la era de la disrupción, de cambios más profundos, de los debates sobre privacidad, la inteligencia artificial y la movilidad.

La década que marcó el comienzo del milenio tuvo un quiebre en materia tecnológica a partir de la llegada del teléfono móvil inteligente, especialmente desde 2007 con la aparición del primer iPhone, que marcó un punto de inflexión. Su pantalla multicapacitiva, su diseño y experiencia de usuario revolucionó la industria y, de paso, la sociedad.

Ahora, la década que termina, estuvo directamente ligada a esa fuente de innovación y es conocida como la década de la disrupción.

La era de las tabletas

La primera ventana hacia el horizonte de la tecnología de la última década se abrió de par en par con Steve Jobs, fundador de Apple, todavía vivito y coleando.

En 2010 se presentó el iPad, una suerte de teléfono grande o portátil táctil sin teclado que instauró una nueva categoría tecnológica, las tabletas. Un formato que nació con unas 9 o 10 pulgadas de tamaño de pantalla y que estaba muy orientado a un entorno lúdico.

Compañero del “smartphone”, enemigo de las computadoras, han transcurrido nueve temporadas y todavía no ha encontrado su sitio en el ecosistema digital. Tanto es así que lleva nueve trimestres cayendo en ventas, pero una de sus razones más fuertes es su h Aunque cumple una función y su existencia ha sido capital para movernos hacia la invasión de las pantallas táctiles. Y, de paso, como punta de lanza para acceder al masivo consumo de contenidos multimedia, liderado por la era del “streaming”.

La imagen toma las redes sociales

Aunque las redes sociales habían impregnado la vida digital de millones de usuarios desde hacía, y no solo con Facebook porque antes vino la extinta MySpace, la aparición de Instagram en 2010 se llevó por delante todo lo que se había levantado. Y todo por su visionaria fórmula que recogía una de las bases más simples de la publicidad clásica, una imagen vale más que mil palabras.

Desde entonces la fotografía ha vivido una segunda edad de oro. Ya no se sacan en papel, pero se hacen muchas más. Y eso es gracias a esta capacidad para retratar el momento. Las redes sociales especializadas no hicieron nada más que plantar su semilla en una década que ha visto florecer, por curioso que esto parezca, un formato que parecía extinguido, las animaciones GIF.

Junto con los “emojis”, unos nuevos códigos de comunicación que se asocia a juventud. Ni que decir tiene lo visionario que fue Mark Zuckerberg cuando en 2012 la adquirió por mil millones de dólares, que ahora saben a calderilla. También ha inaugurado otra moda; la de las “selfies”.

Un estilo de imagen que ha glorificado el ego de las personas. Si no que se lo digan a Snapchat (2011). En cualquier caso, esta aplicación para editar y compartir fotos nos ha convertido a todos en fotógrafos aficionados y ha alterado la manera en la que compartimos nuestra existencia.

El auge del “streaming”

Hasta bien entrada la década, el el mundo había un debate candente sobre lo pernicioso y terrible que era la piratería. Una terrible lacra que hacía perder grandes fortunas a productoras y distribuidoras de cine. Había quejas entre los usuarios porque se justificaba por la ausencia de una buena oferta audiovisual.

El proceso de distribución de contenidos multimedia se ha revelado como obsoleto. Controlado por grandes marcas, la necesidad y urgencia de los consumidores llevaban a replantearse si acceder a la última película de su director de cabecera por otros medios.

Defensa sobre las libertades civiles en la transmisión de plataformas de «P2P» o la lucha por una internet neutral, 2011 se abría paso mediante una polémica Ley de Economía Sostenible, en España, que levantó durante esos años las críticas de numerosos colectivos y activistas de internet.

Y, por entonces, en Estados Unidos estaban a otros menesteres; Netflix, una empresa que se había hecho conocida al distribuir por vía postal DVD. En el año 1997, antes del Big Bang del “streaming”, la compañía fundada por Reed Hastings se dedicaba aún al alquiler de DVD como único servicio. Hasta que en 2007 tuvo una revelación; usar internet como videoclub.

Pero su expansión fuera de Estados Unidos no se produjo hasta 2011 y, con ello, el auge de los contenidos en «streaming». Una encarnizada lucha en la que se ha metido HBO, Disney o Apple. La industria cinematográfica ha pasado a una nueva fase.

La presencia de la Inteligencia artificial

La Inteligencia Artificial no es una tecnología nueva en realidad. Es cierto. Desde hace más de cincuenta año se lleva colocando sus ladrillos, pero la argamasa parece empezar estar firme ahora. Y desde hace algún tiempo ha empezado a surgir con mayor fuerza el temor a la eliminación de millones de puestos de trabajo en el mundo occidental en las próximas décadas.

La automatización de los procesos industriales tampoco es algo reciente. El problema es que la evolución se aprecia casi en tiempo real. Lo incontrolable asusta al ser humano. Tal vez estemos ante el comienzo de una era fantástica que arrancó en 2011 con la puesta en marcha de IBM Watson.

Una inteligencia artificial capaz de responder a preguntas formuladas en lenguaje natural, que ha dado pie a «naturalizar» a las máquinas.

El superordenador ha demostrado sus capacidades en distintos ensayos en los que ha superado a una persona. Las circunstancias que llevaron a su desarrollo se remontan a la victoria de la computadora Deep Blue sobre Garri Kaspárov, el gran maestro del ajedrez, en en 1997.

La tecnología se lleva a la muñeca

El Apple Watch no fue el primero (2014), pero sí el que más vende. Por motivos obvios, llevar la tecnología a una muñeca se había visto en series de televisión (“El Auto Fantástico”), y había tenido en Seiko o Casio su digitalización. Pero desde la aparición en 2012 de la extinta Pebble se colocó la primera piedra de la era de los “smartwatches”.

Fue un proyecto surgido a través de una campaña de micromecenazgo y, en poco tiempo, cautivó a millones de personas. Son aparatos electrónicos conectados a internet que, ahora, está intentando cortar el cordón umbilical de su dispositivo matriz, el teléfono móvil.

Los modelos más modernos ya incorporan sistema de geolocalización por GPS, permiten reproducir música, realizar pagos en comercios, mandar mensajes en varios formatos, controlar tu estrés y pulsaciones, monitorizar tu actividad física. Aunque no se ha convertido en el centro de la vida digital, lo cierto es que es una categoría que ya se ha asentado y que ofrece una gran versatilidad.

fuente: iprofesional

Temas relacionados

ÚLTIMAS NOTICIAS