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Kirk Douglas, un americano en la URSS [columna]

27 de junio de 2020

Fotos con Historia.

Carlos Morelli Cine +.

Julio de 1977. Moscú. Décima edición de su festival internacional de cine. Mucho de todo: películas, huéspedes, jurados, premios. El galardón destinado a la Mejor Actriz señala dos labores: la de nuestra Mercedes Carreras, por “Las Locas”, dirigida por su esposo, Enrique; y la de la iraní Mary Apick, por “Callejón sin Salida”, de Parviz Sayyad. En el jurado, algunos nombres con aureola: el italiano Valerio Zurlini, el japonés Toshiro Mifune, el rumano Ion Popescu-Goppo. La mayoría de los invitados estamos en el mítico Hotel Rossia, a pasos de la Plaza Roja. Hay luz hasta las diez de la noche y sombra hasta las dos de la madrugada: en las habitaciones, sin persianas y con cortinados claros, simultáneamente se duerme (bah, se trata de dormir) y se toma sol (a veces, con protector).

Entre tantísimos rostros desconocidos para Occidente, de repente surge el de Issur Danielovitch Demsky, alias ¡Kirk Douglas! La súper-estrella, que falleciera el último 5 de febrero, a los 103 años, entonces sumaba juveniles 66. Lucía su personalísimo hoyito en el mentón y calzaba un “jean” Made in URSS. comprado a su llegada. Sin vestigio alguno del indomable mal humor fuera de cámaras que sus biógrafos le atribuían, en la entrevista – que registré con un grabador de la época – el actor me confesó que el motor esencial de esa visita era volver a sus orígenes, recorriendo paisajes que sus padres, judíos de Bielorrusia que emigraron a los Estados Unidos, tantas veces le habían pintado con la nostalgia del suelo perdido.

Después, claro, la charla viraría hacia una carrera absolutamente luminosa, a sus títulos favoritos, a sus héroes más entrañables. “Yo soy – o, más bien, aspiro a ser – un poco cada uno de los personajes que prefiero. A veces –no se ría, por favor – me ilusiono con que he reaccionado como Espartaco. Otras veces, me gusta sentir que deliro como Ulises. O que me desespero como Van Gogh. Pero, también, más humildemente, puedo actuar de nuevo como un cow-boy embravecido o un teniente de policía ofuscado”. Seguramente, al ejemplificar estas “resurrecciones” más modestas, Kirk está pensando en “Duelo de Titanes” y en “La Antesala del Infierno”. Y luego confiesa su nuevo orgullo: va a ser dirigido por Brian De Palma. Una vez de vuelta a su casa, comenzará a protagonizar “La Furia”.

Pero hoy este señor está en la tierra de sus mayores. La aventura, aunque breve, promete ser profunda. Y – reflexiono – acaso el encuentro más soñado sea el que lo vaya a reunir consigo mismo. Con Issur Danielovitch Demsky, antes de convertirse en Kirk Douglas.

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