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La Revolución del 10 [Diana Deglauy]

26 de noviembre de 2020

Inesperado. La muerte del 10 se veía venir pero se manifestó de manera brusca. Sorprendió. Como toda Revolución.

Diana Deglauy Periodista.

La vida de Diego Maradona fue intensa y única. Un torbellino. Esa revolución que, cuando llega a su fin, revela que no habrá nada parecido.

El mito, la leyenda, el fenómeno ya estaba consumado en vida. El día de su muerte, solo confirmó que fue un ídolo indiscutido a nivel internacional.

Diego era mas que un jugador de futbol. Era un jugador de todas las canchas. También en la esfera política. Su historia coincide con los momentos mas terribles del país. El comienzo de la dictadura, el genocidio, la guerra de Malvinas, los problemas económicos. Años negros de la Argentina, iluminados por la magia que se convertía en gol.

“Maradona era el momento de la felicidad. Es el tipo que, en medio del crimen y la amargura, aparecía y hacia felices a todos” afirmó el escritor Pablo Alabarces, que investiga el fenómeno social de Diego hace 35 años.

El hito de su carrera también fue clave para la historia política del mundo. La “mano de Dios” fue la reivindicación argentina a los combatientes de Malvinas. El propio presidente de Francia, Emmanuel Macron, lo describió como “el partido mas geopolítico de la historia del fútbol, los cuartos de final de la Copa del Mundo contra la Inglaterra de Margaret Thatcher”.

La política no era ajena a Maradona. Ahí también era autentico, irreverente, contradictorio y sin guiones. Un distinto. No tenía compromisos con nadie, salvo con sus pensamientos. “Soy un defensor del pueblo palestino”, repitió siempre. Amante y protector de la revolución cubana. Amigo de Fidel Castro. No solo tiene un tatuaje del líder cubano, sino que murió el mismo día. “Los argentinos tenemos dignidad. Echemos a Bush” dijo junto a Hugo Chavez en 2005.

Hablaba de futbol y de política sin tapujos. Pero su magnetismo provocó un atractivo que no se limita a ideologías. Su muerte impactó a los de derecha, los de izquierda, los del centro y los del córner.

Para los políticos de nuestro país, Maradona, también era un foco de luz que podía dejar ciego a cualquiera. Porque Diego pasaba del amor al odio. Apoyó a Carlos Menem y también a Fernando de la Rua, a quien años mas tarde le recomendó “que se despierte de la siesta”. Con Nestor y Cristina Kichrner no hubo altibajos. Reavivar y ponderar la figura de Perón y Evita fue clave. “Amo a Evita y Peron” decía Maradona.

“Los políticos siempre se preocupaban. No querían que Diego los nombre. Ni para bien, ni para mal” explicó el periodista Lalo Zanoni.

Murió Diego. Y todo el fatídico 2020 de pandemia quedó en el olvido. Lo que nunca se podrá olvidar, es su presencia, su paso por el plano de los mortales.

Murió Diego. Pero se volvió eterno. Infinito.

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