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Lección de vida. Vivencias VII [columna]

9 de mayo de 2020

Historias para reflexionar.

@policia_odac Policía Nacional de la Oficina de Denuncias y Atención al Ciudadano. España.

Hay un hombre en silla de ruedas que se suele pasear por las calles de cerca de comisaría.

Le faltan las dos piernas y casi todos los del barrio dicen de él que «pasa droga a los chavales».

Es de mediana edad tirando a joven, el pelo cortado a lo bola y lleva gafas. Además está algo grueso y casi siempre suele ir vestido con camisetas de equipos de fútbol.

Su silla, es de esas eléctricas que funciona con un pequeño joystick en uno de sus brazos.

Su corpulencia, sumada a la silla de ruedas y a las camisetas de colores llamativos que siempre viste, hacen de él que sea bastante conocido y que además se le vea a distancia.

Cuando estás hablando con algún vecino de lo que sea y pasa él por al lado, o por la acera de enfrente, casi todos suelen comentar «¡Mira, el tal! Pues de ese dicen que pasa droga».

Lo dicen como dejándolo caer. Algo así como «yo te lo digo agente porque me molesta que lo haga pero no quiero saber nada».

– ¿Y por qué sabe usted que pasa droga? – les pregunto a todos esos que me lo dicen.

– Pues porque siempre se le ve yendo de aquí para allá con grupos de chavales distintos. Está un rato con unos, luego con otros, y así se pasa el día y la noche – me dicen.

Suele pasar que, por mucho que patrulles por una determinada zona, no te enteras de muchas cosas a no ser que alguien te lo diga. De ahí que la colaboración ciudadana sea fundamental.

Como siempre digo: la información es poder.

– ¿Pero usted ha llegado a ver cómo les pasa la droga? – es mi siguiente pregunta.

– No, yo no – me responden -, pero Fulanita sí. Y Menganito le oyó decir «drogas» mientras hablaba con unos chavales.

«Pues cuando el río suena…», pienso.

Un día, estando yo fuera de servicio, lo vi haciendo lo que los vecinos me habían dicho de él: paseándose por una de las plazas y parándose en grupos de chavales y gente joven.

Entonces me fijé.

El hombre iba a uno de estos grupitos, se quedaba hablando con ellos unos minutos, pocos, 3 o 4 como mucho, y luego se iba. Así hasta que iba hasta otro y hacía lo mismo.

Mientras estaba hablando en uno de estos grupos, yo me acerqué haciéndome el distraído.

Resulta que el hombre no pasaba droga a estos chavales, tan solo les contaba su historia. El por qué iba en una silla de ruedas y le faltaban las piernas.

Siendo más joven, y después de haber consumido bastantes drogas y alcohol, sufrió un accidente de tráfico mientras conducía.

Sus dos amigos murieron en el acto, y él, quedó así para toda la vida.

No pasaba droga.

Tan solo intentaba dar una lección de vida.

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