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De liderazgos y fragmentaciones en Latinoamérica [Pablo Canales]

12 de octubre de 2020

Porqué los países de la región no pueden formar una agenda en común.

Pablo Canales Director biei

La pandemia aceleró procesos, generó más divisiones y estableció que cada Presidente se ocupe pura y exclusivamente de su país. Salvo Donald Trump.

América latina y en especial Sudamérica, continúan librando una batalla contra la Covid-19 y sus consecuencias, no solo sanitarias sino económicas. En el medio de este presente los líderes de la región mantienen casi nulas las relaciones entre ellos. O peor.

“Yo creo que viene un realineamiento de fuerzas en América del sur”, destaca el analista internacional Jorge Castro. “Prueba de esto es lo que sucedió con la decisión sobre la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)”. “En el bloque del Mercosur sólo Argentina mantuvo su posición, el resto se alineó con los Estados Unidos”.

Cabe recordar que el BID tiene un titular, propuesto por Donald Trump, Mauricio Claver Carone. Quién en un hábil movimiento de acercamiento, ofreció su ayuda para negociar la deuda argentina ante el Fondo Monetario Internacional.

América “a la mitad”
Jorge Castro traza una línea divisoria muy clara en el continente. “La región se divide en dos, de Alaska hasta el canal de Panamá y del canal de Panamá a Tierra del Fuego”, argumenta el abogado y periodista argentino. “En esa línea están las ideas sociales, económicas y políticas de América”.

“En la región a los únicos presidentes que les importó mantener una alianza y enfrentar los problemas en común fue al denominado grupo progresista, integrado en su momento por Lula Da Silva, Hugo Chávez, Tabaré Vázquez, Evo Morales y Néstor y Cristina Kirchner” rememora Pedro Brieger, sociólogo y politólogo. “En su momento pensé que Mauricio Macri podría tener ese rol, convertirse en un líder regional pero no fue así” continúa Brieger, “no hay vocación en la derecha salvo para sumarse a la negativa contra Venezuela”.

Cuando se menciona al país de Nicolás Maduro, Jorge Castro es categórico: “Venezuela es un país en desintegración, un estado fallido, en cuya característica central del colapso están las instituciones estatales. Un contexto catastrófico de las estructuras económicas, sociales y políticas. Es por eso que 5.000.000 de venezolanos han tenido que salir del país, no existen condiciones mínimas de vida”.

Si se pretende sumar a la conversación otro de los países destacados de habla hispana, Jorge Castro da su opinión: “México con López Obrador, es el principal aliado del presidente Trump, colocó 37.000 soldados en la frontera sur de los Estados Unidos para impedir el ingreso de inmigrantes ilegales”.

“Luego de los gobiernos de Lula Da Silva y el juicio político que enfrentó Dilma Rousseff, 51 millones de brasileños votaron por Jair Bolsonaro, allí hay una figura”, vaticina Jorge Castro.

“América del Sur está atravesando ahora una suma de opiniones para nada homogéneas, por un lado, tenemos a Piñera de Chile, Lacalle Pou de Uruguay, Duque de Colombia y Bolsonaro de Brasil. Por el otro lado Alberto Fernández y más alejado Maduro de Venezuela”, afirma Brieger. “Es claro que a la derecha nunca le importó tener un liderazgo en la región, no poseen proyección latinoamericana principalmente. Esto obedece a su subordinación ideológica, política y diplomática a los Estados Unidos y en menor medida a Europa, por lo tanto, no hay propuesta de liderazgo regional”.

Grupos contrapuestos y sin peso
Años atrás y viendo que sus gobiernos coincidían en ideas se fundó el Grupo de Lima, integrado por países en su momento de centro derecha o derecha. Objetivo: denostar todo lo relacionado con el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Nivel de éxito: entre escaso e incierto.

Desde el otro lado del pensamiento nació el Grupo de Puebla, conformado por hombres y mujeres de pensamiento progresista, centro izquierda e izquierda. Objetivo: llevar un supuesto contrapeso a la región y “recuperar” gobiernos en manos de la derecha. Nivel de éxito: salvo el caso de Alberto Fernández, los demás miembros están en proceso de oxidación política y otros buscando nuevamente un lugar dentro de la política de su país. No es un dato menor, aquí, el voto de Argentina ante la ONU por el tema derechos humanos en Venezuela.

Tiempo de cambios
En el rol que cada uno pueda pretender de los presidentes de cada país, es claro que el presente parece eterno y sólo vislumbra probables cambios en Bolivia y casi nulos en Venezuela.

Brasil acrecienta la figura de su mandatario, Piñera enfrenta en Chile un plebiscito que legitimará, o no, su mandato y Bolivia sale, en meses, de un gobierno conducido por Áñez que sólo puso el foco en no traer nuevamente al poder a Evo Morales. Lo mismo hizo, condena de por medio, Lenin Moreno con Rafael Correa.

Hace tiempo los Poderes Judiciales y Ejecutivos se mezclan para darle paso a los intereses de cada mandatario.

Mientras tanto América Latina espera por una mínima agenda en común.

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