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Luciana Peker: “Hay algo liberador en la energía sexual y en la posibilidad de gozar” [+podcast]

20 de septiembre de 2020

La autora habla sobre su nuevo libro: “Sexteame: amor y sexo en la era de las mujeres deseantes”.

Mucha gente conoce a Luciana Peker por sus notas en Página 12, Revista Anfibia o Caras y Caretas. Por sus columnas en Radio Nacional y su participación televisiva en Canal 26 y CN23.

También por su activa participación como militante feminista en el colectivo Ni una menos.

Pero Luciana Peker es también autora de cuatro libros sobre feminismo y género (“La revolución de las hijas”, “Putita golosa”, “La revolución de las mujeres”, y “Mujeres ferroviarias”).

En pleno confinamiento a causa de la pandemia por COVID-19, salío su nuevo libro, “Sexteame” (Ed. Paidós). En él, la autora, reflexiona sobre el deseo como factor político y de transformación social, repasa algunos de los principales tópicos vinculados a la lucha feminista: el acoso, la violencia doméstica, la libertad sobre el cuerpo y el miedo de los varones ante la aparición de nuevos paradigmas para pensar el sexo y el género. En metaLetras, inaugura la sección, Luciana Peker…

Tu libro habla sobre el feminismo, sobre las mujeres, pero en un sentido más amplio habla sobre el deseo y sus distintas implicancias: personales, sociales, políticas. ¿Cómo y por qué decidiste publicar un libro sobre el deseo en plena cuarentena?
Yo empecé, y en realidad terminé, de escribir el libro antes de la cuarentena. Pero cuando empieza la cuarentena pido abrirlo para publicar un poco de lo que estaba pasando. Y lo que sí creo es que la pandemia no es azarosa, sino que es la consecuencia de un mundo arrasado, desbastado en su biodiversidad, que produce zoonosis, enfermedades que pasan de los animales a los seres humanos, etc. Y que de alguna manera hay un concepto de deseo que es como el fracking, como que arrasa. Y hay otro deseo que en cambio siembra. Y yo creo que es apostar al deseo, y al deseo que siembra.

Cada capítulo comienza con un texto, que es como una especie de prosa poética, muy rica en imágenes y metáforas, donde introducís el tema del capítulo de una forma más lírica. Y luego desarrollás el tema. ¿Cómo fue el proceso de escritura y cómo pensaste estas decisiones de forma?
A mí me gusta mucho citar de lo que leo, y citar especialmente autoras y autores, muy especialmente autoras mujeres. Básicamente es una decisión de escribir de un modo coral. Yo creo que la narrativa feminista es una narrativa que habla desde la intimidad, desde un lugar muy subjetivo, pero que también habla sin nunca arrogarse la primera ni la última palabra (yo por lo menos escribo así). Es una forma de abrir el juego, de abrir la palabra, y de traer otras imágenes. Por supuesto me gusta mucho el periodismo, el ensayo, la no ficción. Pero amo la poesía y en la palabra de las otras hay un trampolín. Me gusta mucho sumar esas voces.

En tu libro hablás de muchos temas: fundamentalmente del goce como condición necesaria para la libertad, tanto para los hombres como –especialmente- para las mujeres. Al mismo tiempo vaticinas un mundo post-COVID con más herramientas para el control de datos y el ciberpatrullaje. ¿Cómo se busca el placer en un contexto donde el cuerpo está, para bien o mal, sometido al control?
En principio, para aclarar, en el contexto argentino estoy a favor de la cuarentena y de las medidas para proteger la salud y la vida, porque me parece que esa es una prioridad. Pero indudablemente la pandemia -que además no se termina, aunque en otras partes del mundo se haya podido terminar el confinamiento o la cuarentena- abre un lugar de mayor control y de mayor control del cuerpo. De eso no tengo ninguna duda, y me parece una consecuencia negativa de lo que está sucediendo. No es que el sexo es solamente liberación y que va a estar liberado de estos algoritmos, porque vamos a poder circular por menos personas. Las redes sexuales, en el sentido de las “app de citas”, también son formas de condicionar con quién nos vemos y con quién no nos vemos. Por ejemplo Happn, “quién está cerca de ti, quién no”, etc. Pero sí creo que de todas maneras hay algo liberador en la energía sexual y en la posibilidad de gozar. Que no lo veo solo como hedonismo o como un goce de estar buscando todo el tiempo la satisfacción, sino como un lugar desde donde asentar la defensa del goce y del cuerpo como territorio que está en disputa. Un cuerpo por un lado encerrado o que solo le importa sí mismo aunque los demás se puedan ver perjudicados, o un cuerpo en donde importa el goce pero también el contacto con el otro o con la otra. Y yo creo en eso, en un cuerpo gozoso, pero también que va hacia un mundo con cuidados y en donde los demás importan. Y donde, a pesar de que haya un margen de acostumbramiento hacia ese control y a los efectos negativos de lo que estamos viendo, sobrevivamos con un poco de resistencia.

Afirmás que “la intimidad es política”. ¿Cómo pensar la intimidad como algo político? ¿Se corre el riesgo de que la individualidad quede supeditada a lo colectivo?
“La intimidad es política” es un lema del feminismo desde hace muchísimos años que se refiere a que esas situaciones que ocurren en la intimidad en realidad tienen una connotación política. Yo creo que entre lo colectivo y lo individual hay como un juego, en donde de hecho a las mujeres nos afectan fenómenos que son colectivos pero que después repercuten en nuestra intimidad. Entonces creo que tenemos que hacer una interpelación colectiva para disfrutar en la intimidad.

Hablas mucho de esta desorientación que sufren los hombres, que internamente quieren abandonar prejuicios o concepciones machistas, pero no se animan porque para ellos supone resignar privilegios. Hablás mucho del desgarro que genera esto en los hombres y de cómo “se les baja”, cuando ven una mujer fuerte, o que temen ser señalados por cualquier cosa que puedan llegar a decir. ¿Qué le dirías a un hombre que siente que “cambiar” es “resignar”?
Yo creo que hay diversos fenómenos en cómo repercute el avance del feminismo en los varones. Creo que redoblar la crueldad, el machismo, la violencia, es absolutamente condenable y está fuera de la órbita del diálogo. Pero creo que hay hay muchos varones que realmente están desorientados, asustados, o que no saben bien por dónde ir. Y a los que no se animan, yo les diría que justamente creo que las mujeres deseantes, pero además el feminismo como evento político y social, es una propuesta de poder vivir una vida más plena. Creo que muchos varones están asustados y están apagados, no solo por el feminismo sino por el momento actual, por un capitalismo, por una situación política y económica que es muy desestimulante. Entonces lo que creo que viene a orecer el fenómeno de las mujeres deseantes es vivir una vida más plena y con más ganas.

También analizás mucho el discurso del viejo romanticismo, que por momentos parece vindicar la violencia como elemento consustancial a la intensidad y a lo amoroso, y naturaliza la violencia. ¿Hay alguna pareja de la ficción o de la realidad que sea para vos un buen modelo a seguir para los hombres y mujeres deconstruidos del mañana?
Es cierto que hay más modelos de lo que no queremos ser, de lo que queremos deconstruir, que modelos de pareja que te diga “esta es la pareja que me gusta”. Incluso hay muchos modelos femeninos nuevos. En general en la series y en las películas hay un modelo un poco impostado de mujeres más poderosas. Hay como un fenómeno que a mí no me gusta mucho de muchas mujeres villanas, o dominadoras, que para mí no va por ahí. Y modelos como “en construcción”, que eso me parece que está bien. En realidad a mí no me interesa que haya una nueva pareja ideal, sino modelos muy diversos. Pero es cierto que me cuesta encontrar parejas que diga “está bueno esto que está sucediendo”. Y eso creo que habla de lo que nos pasa, ¿no? Estamos más en crisis que construyendo. Yo creo que por un lado está bueno mostrar la crisis, pero es cierto que estaría bueno que haya más modelos “en construcción”, que pueden ser incoherentes, pero “en construcción”. Me gusta por ejemplo el personaje de Kate Del Castillo en Ingobernable, su pareja es alguien joven y muy militante. Tal vez es un amor demasiado fugaz. Como para contraponer a la novela romántica, los amores son lazos menos comprometidos. Pero hay algo de los ideales que a mí me interesa, la conjugación entre amor e ideales. Me gusta mucho el personaje empoderado de La Reina del Flow. Pero no sé si hay un modelo de pareja al que va, si no de la mujer que se deslinda más de la pareja. Es como que para poner una pareja empoderada tenés que decir que “le importa menos el amor”. Entonces creo que ahí hay una búsqueda de cómo alguien que le importa el amor puede construir parejas menos nocivas. Y creo que ahí hay todavía un desafío.

En un momento hablás de lo que pasó en Francia, con este manifiesto firmado por algunas figuras de un feminismo, quizás “disidente”: la actriz Catherine Deneuve, la escritora Catherine Millet, entre otras, que de alguna manera propusieron una mirada menos radical. Dijeron “no todo piropo es violencia”, vindicaron “el derecho a la galantería”. Hablás del feminismo como una rebelión del deseo. ¿Qué pasa con esas mujeres que dicen “no sentirse representadas” por el feminismo? ¿Desean distinto? ¿Desean otra cosa? ¿Han llegado a otras conclusiones? ¿O crees que son mujeres que aún no han podido pensarse o deconstruirse?
En realidad no es un feminismo disidente, fueron un grupo de mujeres que básicamente son escritoras, actrices, pero básicamente mujeres grandes. O sea de un feminismo anterior, o de un feminismo menos irreverente. Aun cuando, como en el caso de Catherine Millet, tengan una experiencia sexual tan liberada como la que tuvo. En el caso de Catherine Deneuve particularmente ella después pidió disculpas si eso hería a una mujer víctima de violencia o violación, por lo que no la seguiría poniendo dentro de lo que se refería el manifiesto. Lo que a mi más preocupa no es lo que ellas piensan, yo nunca puedo levantar el dedo y decir lo que tienen que pensar, mucho menos que no estén suficientemente deconstruidas. Creo que es al revés, que son mujeres que han vivido otros momentos políticos y sexuales en los que justamente podían generar grandes experiencias sexuales, pero sin que eso pusiera en jaque la supremacía masculina y el derecho a cierto grado de abuso. Por eso después desarrollo todo lo que pasó con el Mayo Francés, donde nace supuestamente la posibilidad de tener sexo, de entrar a las habitaciones de los estudiantes. Pero por más que pone en jaque un modelo del mundo, no deja de hacer subsistir que el deseo era visto como algo masculino. Entonces por supuesto yo nunca diría que a alguien “le falta”, o “no llegó” a cumplir con el feminismo. Creo que, al contrario, si pasa por mujeres que fueron muy irreverentes o de mucha participación política, sexual, cultural, en los años 60´, 70´, 80´, que ven este feminismo como “excesivo” por decirlo de algún modo. Lo que a mí me parece que si hay que discutir no es lo que ellas hacen, sino que lo catalogan de “moralista”. Cuando yo creo que justamente es un feminismo que está pidiendo por el derecho al deseo, y esta juzgando mucho más fuertemente las conductas masculinas que no son liberadoras. Que son en realidad opresivas. Y creo que ahí hay tensiones generacionales, de mujeres que han vivido mucha libertad sexual pero que hoy por su edad lo que sienten es que este feminismo “les espanta los candidatos”. Y ahí creo que hay que ser muy solidarias con las jóvenes, que hay que escucharlas y que sí, claramente eso no representa al feminismo francés. Y que sí hay que sentar una posición en donde no me parece que la liberación de la palabra en contra del abuso sexual sea moralista.

Otro tópico que tocás es el de la representación de lo femenino. Y cuestionás fuertemente ciertas obras artísticas masivas, como canciones de Ricardo Montaner o Cacho Castaña donde afirmas que hay una mirada machista sobre la posición de la mujer. Hoy es un tema en discusión si el arte debe o no cancelarse por la imagen que da de la mujer. ¿Podemos ser feministas y escuchar a Cacho Castaña?
Yo creo que el tema del arte, la representación, el feminismo, el racismo (muy fuertemente este año) etc, es un gran debate donde hay muchas posiciones. Yo no tengo una posición particularmente censora, sino que opto más por tener una mirada “critica”, más que “censora”. Pero si creo que hay ciertos límites: por ejemplo, no es que te diría que no se puede ser feminista y escuchar a Cacho Castaña, pero una canción que dice Si te agarro con otro te mato no puede circular más. Hay lugares en donde soy absolutamente terminante porque la verdad es una apología al femicidio. Como cundo después dijo “relájate y gozá” ante la violación. Hay límites que para generar una revolución hay que poner. No te digo que lo voy a prohibir, pero eso no es escuchable. Cuando ponés un límite muy claro, después hay un montón de cosas en las que para nada soy proclive a la cancelación, pero justamente porque creo en el gradualismo. Y no es lo mismo todo. Hay límites que pongo: el abuso sexual, la violencia de género muy explícita, el femicidio, son límites muy claros. Cuando ese límite está muy claro no soy proclive a la censura o a la cancelación en situaciones de graduación menor, o frente a las que te podés reír o disfrutar.

Vos sos periodista. No quisiera terminar la entrevista sin preguntarte ¿Cómo ves la realidad del país en estos momentos que estamos viviendo?
Yo veo una realidad muy difícil en este momento en la Argentina, con la decisión política de parte del gobierno de implementar fuertes medidas de distanciamiento, y aislamiento social para preservar la vida. Veo que hasta hace un tiempo la Argentina tenía una situación económica muy difícil y de mucho sacrificio de parte de la población. Y de clara regresión, además, de las mujeres a un lugar de mayor recarga de tareas de cuidado y de mayor exposición a la violencia, pero con cifras sanitarias que lo ameritaban. Creo que ahora estamos ante un problema muy serio porque hubo un recrudecimiento de la derecha, de una manipulación de los medios de comunicación en muchos casos, que hizo que estas cifras sanitarias ya no sean tan buenas. Que el esfuerzo sanitario sea muy grande y muy alto. A pesar de que la Argentina logra renegociar la deuda externa, la vacuna que tiene más chances de llegar primero, que es la de Oxford, se va a producir en parte en la Argentina. Y Rusia dice que si vacuna también funciona habría un puente con la Argentina. Digamos, cuando más cerca se estaba de empezar a pensar una salida de la crisis creo que se desmoronó un consenso social que es importante, y eso me preocupa.

¿Por qué pensás que un argentino o argentina tiene que leer “Sexteame”?
Yo creo que es importante leer como un punto de encuentro, en un momento en el que estamos tan distanciados y donde es tan difícil encontrarnos. Creo que para muchas mujeres y disidencias sexuales es la posibilidad de hablar, politizar, y encontrar diversidad de opiniones sobre el deseo y que el deseo en momentos tan difícil es una pulsión de vida. Y para los varones porque creo que lo primero que tienen que hacer para adaptarse a un mundo nuevo es poder escuchar a las mujeres. Y leer es la gran predisposición a la escucha.

Tomás Rodríguez

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