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Ramón. Vivencias XXVI [policía_ODAC]

16 de septiembre de 2020

Historias para reflexionar.

@policia_odac Policía Nacional de la Oficina de Denuncias y Atención al Ciudadano. España.

Os voy a presentar a Ramón y su trágica historia.

Ramón no era muy alto ni muy delgado.

Tenía el pelo negro rizado con un flequillo que le tapaba dos ojos grandes marrones

Solía andar con gesto rápido y decidido, y siempre, siempre, estaba de buen humor. Incluso cuando aquellos que le rodeaban estaban tristes o malhumorados; o incluso después de que aquellos que le rodeaban le hicieran «eso».

Desde muy pequeño se acostumbró a vivir de casa en casa; cuando había suerte. Si no, solía deambular por las calles de la ciudad.

No le interesaba el dinero ni la moda ni estar a la última en tecnología, solo estar a gusto en un hogar, una buena estufa en invierno y un rincón fresquito en verano.

Era generoso. Tanto, que incluso hubiera dado la vida por los suyos, con los que siempre tenía un buen gesto o una caricia.

«¿Por qué lo hicieron?», se preguntaría tiempo después.

Él, que hubiera dado hasta el último aliento por cualquiera de ellos…

Ramón no sabía nada de virus ni de confinamientos, pero aun siendo tan joven como era, presentía que algo pasaba.

Y no solo porque por aquellos días acabó en aquella nueva casa, sino porque cada vez veía a muchos como él por la calle. Calle que, por gusto o por necesidad, tuvo que pisar más que nunca.

En fin.

Ramón era el compañero que todo el mundo querría tener.

Un amigo leal.

Año 2021.

Qué lejos han quedado los días de incertidumbre, de miedo, de virus y de confinamiento.

Llegó la vacuna, y tras lamentar las pérdidas humanas, la gente volvió a la normalidad.

Ramón ya no está en la casa de los tiempos de confinamiento. Ahora malvive por calles y carreteras en busca de algo de comer.

Ya no lo necesitan para nada.

Todavía busca a los suyos tras cada esquina o volviendo al lugar en el que les perdió el rastro, creyendo infeliz de él, que estarán ahí, esperándole, y que todo habrá sido un mal sueño.

Precisamente, en una de esas carreteras, Ramón camina de noche por el arcén buscando restos de comida.

Está cansado y triste.

Sobre todo triste.

No entiende nada.

Han pasado muchos días desde que se quedó solo.

A pesar de su juventud, su alma se agota.

Ya no se fija en las cosas.

Por eso, no se da cuenta de que ya no va por el arcén, sino por el medio de la calzada.

Un coche a gran velocidad se acerca.

Al conductor no le da tiempo a esquivarlo y lo arrolla.

Tras más de dos horas agonizando, Ramón muere.

Nadie llora su pérdida.

Y esta fue la historia de Ramón y su trágico final.

Por cierto, no os lo he dicho: Ramón era un perro.

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