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Ceferino Reato: “Los ideales pueden tapizar el camino a matanzas apocalípticas” [+podcast]

8 de noviembre de 2020

El autor publica “Los 70”, una síntesis de los diez años de historia argentina en la que los ideales de militares y guerrilleros fagocitaron a la sociedad.

Tomás Rodríguez Periodista

Periodista, escritor y politólogo. Escribió para la sección política del Diario Clarín. Es actualmente director ejecutivo de la revista Fortuna. Habitualmente escribe en Diario Perfil, y ha realizado entrevistas para Infobae TV.

Es, desde hace mucho, participante del popular programa Intratables, de América TV, donde analiza la actualidad argentina. Pero Ceferino Reato es también una persona con la obsesión de contar una época: la década del 70’, el período de la historia argentina con mayor grado de violencia política.

Ha escrito numerosos libros sobre la temática, como “Viva la sangre”, “Operación Traviata” y “Disposición final” (donde entrevistó al ex dictador Jorge Rafael Videla).

En sus libros, los hechos reales se cuentan con datos e información dura, pero también con diálogos y escenas, como si se tratara de una novela policial pero donde todo es real (no “basado” en un hecho real).

Editorial Sudamericana acaba de lanzar su nuevo libro “Los 70”, una síntesis de esta década que lo obsesiona. Una década tan controversial que, como lo indica el subtítulo, siempre vuelve.

De esta década hablamos hoy, con Ceferino Reato, en metaLetras.

– ¿Por qué otro libro de los 70´, después de haber publicado tantos?
– En los libros anteriores yo partía de un hecho, como por ejemplo el asesinato de Rucci, y después trataba de explicar una época. Ahora intento explicar una década. Comienza en 1970, cuando nacen Montoneros y el Ejército Revolucionario de Pueblo (ERP) y termina en el 82’. ¿Por qué me parece que faltaba? Habían aparecido algunos libros que rescataban de una manera romántica los ideales de las guerrillas. Y hay que tener cuidado, porque los ideales muchas veces pueden tapizar el camino a matanzas apocalípticas. Y eso sucedió en el mundo y en la Argentina. Hay matanzas que son de derecha y de izquierda. Es un siglo, el último, de dictadores, y todos tenían sus ideales. En esa época nadie defendía la democracia, y eso hay que marcarlo. La astucia del kirchnerismo ha sido convertir a las guerrillas en defensores de la democracia. Tanto es así que las víctimas de la última dictadura figuran en el padrón electoral con el argumento de que “como lucharon por la democracia, bueno, se merecían ese reconocimiento”.

– Y también aportás una perspectiva nueva del gobierno de Isabelita.
– El peronismo tiene una gran capacidad de superar los escollos. Creo que el peronismo como tal falleció hace rato, en el 75´. El peronismo tiene la astucia de que se va reinventando. Y cuando hay algo que no le conviene dicen: “eso no es peronismo”. “¿Y pero qué es peronismo?”, “Otra cosa”. Entonces les decís, “contame”, y te explican una nada que termina siempre en “es un sentimiento”. Y les decís “Isabelita”, “No, Isabel no estaba a la altura, fue manipulada por Lopez Rega que era un agente de un servicio extranjero, un loco”. Pero no, yo participo de otra tesis: ellos encarnan la ultraderecha peronista que propone un programa ultraliberal en lo económico, faccioso en muchos sentidos, y que iba a reprimir a las guerrillas a través de bandas paraestatales. Esa es la hipótesis de Guido Di Tella, que era peronista pero también era un intelectual de valía. Esa hipótesis hace descansar en el peronismo la responsabilidad de las cosas que salieron mal. La grieta hay que sobrevolarla con hechos.

 

– Según lo que te dijo Videla, ese proyecto económico también era el suyo. ¿Crees que consiguieron, Isabelita o Videla, algo de ese programa?
– Yo creo que es la Patria Militar: combinar una concepción de la economía “liberal”, pero no se si auténticamente liberal, porque hay muchas interpretaciones. Liberal “hasta ahí”, porque el poder del Estado a través de las empresas estatales era muy fuerte y él (Videla) no privatizó ninguna, salvo la Ítalo. Pero el esquema era favorecer un capitalismo bien estatal, en el sentido de que el Estado tenía muchas empresas importantes porque los militares estaban dentro de eso y se alimentaban de eso. Después cuando fracasa la dictadura, Alfonsín y también Menem tienen una política de desmontar ese poder militar, con los juicios a los comandantes pero también con las privatizaciones de las petroquímicas y de las fábricas militares.

– No se si es un “rescate”, pero mencionás que nada menos que Alsogaray criticó fuertemente el accionar de los militares.
– No se si un “rescate”; porque en realidad lo que Alsogaray hacía era un cálculo político. Decía, “no, el peronismo tiene que perder en las urnas y la crisis es tan fuerte que no hay que salvarlos, porque un golpe de Estado salvaría al peronismo de la responsabilidad de todo lo que ha hecho”. Era un cálculo. No era para defender, entiendo yo, la democracia. En ese momento nadie defendía la democracia, salvo voces aisladas. A los peronistas el Estado de Derecho, los poderes independientes, nunca se le dieron bien. Los radicales te hablaban todo el día de democracia pero aceptaron ser gobierno, con Illia por ejemplo, con la proscripción de las fuerzas mayoritarias. Los liberales y conservadores se refugiaban en los militares porque creían que en las urnas los vencían primero los radicales y después los peronistas. No tenía rating la democracia, es un invento reciente para nosotros.

– Vos citás a Todorov: “hay que prestarle atención a la historia y no a la memoria, porque la memoria puede ser arbitraria, selectiva”. ¿Cómo contaste la historia tratando de ser objetivo?
– Creo que el periodismo tiene algunas reglas y una es salirse de los temas, mirarlos desde arriba. Para eso el periodista tiene que ser independiente de todo grupo de interés. Para mi no es tan difícil, pero yo soy del siglo pasado. Ahora trabajar en Canal 7 es la aspiración de muchos jóvenes. Para nosotros, trabajar en una empresa del Estado era un horror. Claro que lo íbamos a hacer si lo necesitábamos, pero no estaba en nuestras prioridades. Porque nos interesaba la independencia que daban las empresas privadas. Claro, uno dice, “bueno, también tienen pautas y cosas”, pero yo creo que la vieja técnica es que haya el mayor número posible de empresas privadas que se dediquen al periodismo. No voy a ser objetivo nunca, porque soy un sujeto, pero tengo que aspirar a eso. La memoria es muy importante, pero su insumo tiene que ser la historia. Creo que los organismos de derechos humanos han hecho una tarea que está en la historia, pero haberse pasado en masa al kirchnerismo son las últimas hojas de un libro mucho mejor que han escrito.

– El libro es duro pero hay una mirada optimista. Decís que los 70´, con toda la sangre que derramaron, nos dejó el regalo de entender que la violencia política no es el camino. ¿Estás tan convencido de eso?
– Sí, totalmente. Yo creo que la violencia política tiene una responsabilidad directa en los actores que la practicaron pero también indirecta, ¡en tantos grupos sociales que aceptaron eso! Ahora hay una serie fabulosa que se llama “Patria”, en HBO.

– Sobre la novela de Fernando Aramburu, ¿no?
– Claro. Sobre la ETA. Es muy interesante porque ahí hay una mirada bien comprensiva de la acción política violenta. Pero también de tanta gente que avalaba eso. En la Argentina esta mirada tiene que complementarse con otra, porque acá ha habido una represión ilegal impresionante. Había muchos sectores sociales que avalaban los secuestros de un lado y del otro, los robos a los bancos, las torturas. Todo eso tenía un valor político. Sin ese contexto social, claro que puede haber muertes, pero no va a haber “violencia política”, porque va a ser repudiada. Y no es el camino. La democracia sigue, y sigue bien. Con las deformaciones propias de la democracia, la tan mentada oligarquía que genera el sistema de partidos. Con todos los defectos pero, claro, mejor que antes de los vaivenes institucionales. Pero hay que custodiar eso. Hoy la violencia no tiene cabida, pero hay que estar muy atento.

– Hablamos mucho del contenido del libro, pero es muy interesante la forma. Porque por momentos escribís con líneas de diálogo, hay casi “escenas”. El libro no es para nada ficción, pero tiene, creo yo, recursos de una buena novela. ¿Cómo planificás tus libros y cuales son tus recursos para contar?
– Me parece que aprendí a escribir en Italia, fui como agregado de prensa de la Embajada Ante el Vaticano. Aprendí leyendo a los periodistas italianos, que son muy de imágenes, siempre comienzan una crónica con una imagen o con una escena. Y después leí a los escritores de novelas policiales, luego grandes maestros como Vargas Llosa, Jorge Amado me gusta mucho. Y mi esquema para escribir es: defino un tema, a veces un hecho conmocionante como en este caso: una década. Una vez localizado ese disparador hago una cronología, bastante extensa, y a partir de eso detecto cuales son las fuentes más importantes y hago entrevistas. Pero no las hago una vez, generalmente a cada uno los entrevisto dos veces por lo menos, porque tengo que chequear mucho un tema: los recuerdos de la gente varían, entonces me interesa verlos en distintas ocasiones. ¡Ah, García Márquez me olvidé de nombrar! ¡Es tan extraordinario como escribe!

– ¿Cómo ves la Argentina en este momento?
– Yo creo que estamos atravesando una crisis importante, heredada en parte por este gobierno del anterior, y a la cual el gobierno ha contribuido también con el manejo del confinamiento y con la ausencia de ideas. Es un gobierno de coalición amplia, muy heterogénea, que no tiene un único conductor. Creo que el fracaso del gobierno anterior hizo que el peronismo volviera muy pronto. Este gobierno no estaba preparado, no tenía ideas, y no sabe bien para donde agarrar. Así que un gobierno que no sabe qué hacer es probable que le digan qué hacer. Es probable que la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y más si gana Biden en Estados Unidos, sea bastante más crucial de lo que parezca. Creo que es una crisis complicada, de resolución abierta e incluso lo más probable es que no pase nada. Que sigamos así, un tiempo largo, al menos hasta las elecciones legislativas.

– ¿Quién debe y quién no debe leer, “Los 70´”?
– Yo escribo para todos, también ese es un tema periodístico: tratar de escribir para todo tipo de lector. Eso me preocupa. Tiene que ser un lenguaje atractivo, la forma es tan importante como el contenido. Yo escribo para todos los que quieran leer sobre ese tema, no hago distinción entre lectores. Para mí son todos compatriotas y todos muy valiosos.

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