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¿Roncar es sinónimo de buen dormir? [Columna]

14 de agosto de 2019

El ronquido lo sufren entre el 4 % y 10% de la población y el pico de mayor incidencia se observa entre los 40 y 60 años, particularmente en hombres.

Lic. Mercedes Velán Psicóloga - Matrícula 26.731.

¿Quién no ha oído alguna de las siguientes frases?: “Mi papá duerme profundo, ronca como nadie”,” ¡Qué bien que duerme, escuchalo roncar!”, “Cuánto más ronca, mejor duerme”, “Yo ronco y duermo muy bien, no me despierto, aunque tengo sueño durante el día”, “Sus ronquidos se escuchan desde cualquier lugar de la casa”.
Es probable que en toda familia haya un roncador. La prevalencia de ellos se sitúa entre el 4 % y 10% de la población general y el pico de mayor incidencia se observa entre los 40 y 60 años, particularmente en hombres. La presencia de ronquidos intensos es con frecuencia motivo de comentarios jocosos o burlas entre los familiares y amigos del roncador, quitándole así la importancia que el tema amerita.

El ronquido intenso debe ser motivo de consulta con el especialista en sueño, ya que este es la antesala de la apnea. Esto significa que quienes roncan tienen altas chances de realizar apneas mientras duermen, teniendo como consecuencia un sueño de muy mala calidad. Y ¿qué es la apnea? Apnea proviene del latín y significa “ausencia de respiración” o “asfixia” y se produce por el colapso de la orofaringe (garganta), asociado este, en su gran mayoría, al exceso de peso. Ante esta asfixia, el cerebro genera un microdespertar, y retoma así el cuerpo el tono muscular, desobstruyendo la orofaringe hasta que vuelve a respirar. Pero cuando se reanuda el sueño, segundos, minuto después, la orofaringe vuelve a colapsarse y todo el proceso se inicia nuevamente. Es frecuente que quienes padezcan apneas se levanten a orinar varias veces a lo largo de la noche, por una vinculación estrecha de causa-efecto.
Estos microdespertares, que pueden sucederse varias veces por hora de sueño, son de tan breve duración que la persona no los recuerda, no tiene registro al levantarse de haberse despertado, pero son suficientes para generar una alteración en la estructura del sueño.

¿Consecuencias de esto? Levantarse con la sensación de que el sueño no ha sido reparador, hacerlo más cansado de lo que se acostó (la noche fue un ir y venir constante entre respirar y asfixiarse), despertarse con la boca seca y/o dolor de cabeza. Pero las consecuencias no sólo se limitan al despertar, estas también se hacen presentes a lo largo del día. Son personas que padecen somnolencia a lo largo de la jornada, con una gran capacidad para quedarse dormidos en situaciones de reposo, como estando al volante mientras se espera en un semáforo, mirando TV, en una reunión laboral o con amigos, en el cine o en una sala de espera. También se pueden padecer alteraciones en la memoria, enlentecimiento de los reflejos, cambios en el humor, irritabilidad, disminución de la atención, además de verse afectada la salud. Las personas con este trastorno de sueño tienen mayor tendencia a desarrollar hipertensión, síndrome metabólico, diabetes y enfermedades cardiacas, entre otras. ¿La buena noticia? Las apneas del sueño son fáciles de diagnosticar a partir de la polisomnografía (monitoreo del sueño), el tratamiento es simple y posibilita que la persona recupere, de modo inmediato, un sueño de buena calidad.

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