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Sánchez aprovecha el tirón del 28-A para ampliar poder

10 de mayo de 2019

El PSOE fija ahora su objetivo en feudos históricos del PP.

El triunfo electoral de Pedro Sánchez en las generales del 28-A, que volvió a situar al PSOE como primera fuerza política en España después de once años de crisis y batacazos en las urnas, es el mejor carburante para la campaña socialista del 26-M. “¡Nos ha dado un tirón a todos!”, celebran en las federaciones socialistas.

Así que Sánchez volverá a sudar la camiseta en esta campaña en la que, según anuncian sus estrategas, volverá a protagonizar actos en todas las comunidades autónomas. “Se va a implicar a tope, exactamente igual que en las generales”, auguran. El plan es arrancar en Barcelona y cerrar la campaña primero en Valladolid y después ya en Madrid. De nuevo, y máxime tras la victoria del 28-A que abrió las puertas a su investidura como presidente del Gobierno tras el 26-M, Sánchez será el mejor cartel electoral del PSOE en todos los territorios. “Pedro suma a la marca”, aseguran en Ferraz.

La dramática pérdida de la Junta de Andalucía en diciembre, después de casi 30 años de gobiernos socialistas ininterrumpidos, amenazó con un ciclo electoral desastroso para el PSOE. Pero Sánchez logró cambiar las tornas en las generales. Ximo Puig también se benefició del nuevo escenario político, agitado por la pugna entre el PP, Ciudadanos y Vox, para lograr amarrar ese mismo 28-A la presidencia de la Comunidad Valenciana. Así que los socialistas arrancan esta nueva campaña en un ambiente de victoria. Esa es su gran ventaja, pero también su principal riesgo.

En Ferraz acarician no sólo mantener su actual poder territorial, sino poder aumentarlo

Y es que en la dirección del PSOE ya advirtieron de la amenaza que puede suponer para su resultado el 26-M una desmovilización del electorado socialista y progresista como consecuencia del triunfo el 28-A, cuando tanto en las generales como en las elecciones valencianas quedó neutralizado el temor a una alianza del PP, Ciudadanos y Vox para desalojar a los socialistas del poder, como ya ocurrió en Andalucía. Así que tanto Sánchez como muchos candidatos socialistas seguirán explotando hasta la nueva cita con las urnas el discurso del miedo a la suma de las derechas con la ultraderecha: “¡El riesgo del trifachito sigue existiendo!”, insisten. “Si pueden sumar, lo harán”. Este mensaje caló hondo en la campaña del 28-A, y seguirá muy vigente en la del 26-M.

Y pese a que en Ferraz insisten en que este riesgo existe, la pretensión de los socialistas es revalidar las presidencias autonómicas que ostentan, junto a la ya garantizada de Ximo Puig en la Comunidad Valenciana. Es decir, la de Guillermo Fernández Vara en Extremadura, la de Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha, la de Javier Lambán en Aragón y la de Francina Armengol en Baleares. El PSOE también aspira a mantener el gobierno del Principado de Asturias, ahora con la candidatura de Adrián Barbón tras la retirada del veterano Javier Fernández, que nunca dio su brazo a torcer ante Sánchez.

Los estrategas resaltan el auge en la Comunidad de Madrid, en Galicia y en Castilla y León

Pero los estrategas de Sánchez en la Moncloa y en Ferraz se proponen no sólo mantener el actual poder territorial del PSOE, pese a la irreparable pérdida de Andalucía, sino incluso ampliarlo. Y hacerlo, precisamente, en feudos históricos de un PP al que ahora ven desmoronado tras el batacazo electoral de Pablo Casado el 28-A. Así, resaltan que el PSOE logró en las generales “un crecimiento muy importante” en algunas plazas que hasta ahora eran fortalezas inexpugnables del PP.

Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, donde ya en el 2015 el candidato designado por Sánchez, el exministro Ángel Gabilondo, se quedó a apenas un escaño de lograr una mayoría para poder gobernar. Este será el epicentro de la batalla electoral del 26-M, y no sólo para el PSOE sino también para el PP y Ciudadanos en su particular pugna por la hegemonía del centro-derecha. Aunque la advertencia en Ferraz es la misma que ante el 28-A: “Gana quien gobierna”.

El equipo de Sánchez fija el objetivo en otros dos territorios que son tradicionales bastiones del PP: Galicia y Castilla y León. En el feudo de Alberto Núñez Feijóo, pese a que ahora no se celebran elecciones autonómicas, resaltan el importante incremento de votos que cosechó el PSOE en Pontevedra, la cuna de Mariano Rajoy. Hasta diez puntos, resaltan, sacaron de distancia al PP. Los socialistas superaron el 32% de los votos en Galicia el 28-A. Y en Castilla y León, donde reina el PP desde que José María Aznar ganó la presidencia en 1987, obtuvo casi el 30%. El joven Luis Tudanca tiene ante sí un enorme reto.

Fuente: La Vanguardia

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