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Toma de posesión de Bukele en El Salvador

1 de junio de 2019

Un joven empresario, asiduo a las redes sociales y que rompe con el esquema político instalado en el país desde hace casi tres décadas.

Nayib Bukele, de 37 años, se convierte este sábado en el nuevo presidente del país centroamericano en un momento de grandes desafíos y ante una gran expectación popular.

El político dio la sorpresa el pasado mes de febrero al ganar las elecciones en primera vuelta con más del 53% de los votos pese a que no tenía el respaldo de ninguno de los partidos más poderosos del país.

Esos partidos que se habían turnado el gobierno desde el fin de la guerra civil son el derechista ARENA y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), antiguo movimiento guerrillero al que pertenece el mandatario saliente, Salvador Sánchez Cerén, y previamente también Bukele.

Con su llegada al poder bajo las siglas de la conservadora Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), cambia la realidad política del país y se abre, según algunos analistas, “una nueva era” con promesas de cambios sustanciales en diferentes ámbitos, incluido en materia de política exterior.

De momento, este sábado ya se produjo uno “simbólico”: la toma de posesión de Bukele en una plaza en el centro histórico de la capital -y no en el Centro Internacional de Ferias y Convenciones como era habitual- con invitación extendida a “todo el pueblo salvadoreño” a través de Twitter:

Una nueva forma de comunicación
Pese a que cómo se maneja Bukele como presidente aún está por verse, sus formas de comunicación se diferenciaron del resto de políticos desde la época de campaña, cuando priorizó sus intervenciones en Facebook a sus actos públicos.

Y esto se puso aún más de manifiesto en el camino hacia la transición de poder.

El político publica de forma asidua en sus cuentas de redes sociales y es en estas plataformas donde realiza importantes anuncios a la ciudadanía, como los nombramientos este mes de su gabinete de ministros, hasta el momento, conformado por mujeres.

Eso es parte de la “esencia de este nuevo proceso transformador: mecanismos directos de comunicación con la gente”, según Walter Araújo, expresidente de ARENA y promotor de Nuevas Ideas, el movimiento del que Bukele se posicionó como líder de cara a las elecciones pero que no pudo concurrir a los comicios por no inscribirse a tiempo como partido político, lo que obligó al joven empresario a buscar una alternativa de emergencia.

Su actitud en redes como Twitter no siempre ha sido conciliadora y algunos de sus comentarios han generado polémica en este periodo, lo que ha llevado a algunos medios a compararle con Donald Trump.

En cuanto a las diferencias que marca el nuevo mandatario, Araújo también se hace eco del intento de Bukele por “borrar las ideologías”.

El nuevo presidente se declaró en el pasado de izquierdas (inició su carrera con el FMLN), pero su ideología se ha ido desdibujando desde entonces.

“Aquí no es importante ya que sean de izquierdas o que sean de derechas, lo importante es ir a sacar sustancialmente los problemas que el país necesita: con ideas, con conceptos nuevos. Ese es uno de los elementos diferenciadores”, destaca el expresidente de ARENA.

¿Una salida a la violencia?
Bukele toma las riendas de un país en una grave situación: con una tasa de homicidios que le sigue situando como uno de los más violentos del mundo -pese a que ha estado bajando desde 2015- o una de las tasas de crecimiento económico más bajas de América Latina, con un 37,8% de la población en situación de pobreza.

Su llegada precisamente responde en parte a esa difícil situación en la que viven sus seis millones de habitantes.

“Los antecedentes son importantes para entender este nuevo presidente: hartazgo, malestar de la población con los dos partidos grandes del país. Bukele ganó acumulando más votos que todos los demás partidos juntos”, remarca Roberto Cañas, analista y excomandante del FMLN.

Cañas asegura que hay una “enorme expectativa popular” de que el nuevo mandatario resuelva los retos, aunque de momento no proporcionó muchos detalles sobre, por ejemplo, cómo atajará la rampante violencia, el “problema más sentido por la población” y que las autoridades atribuyen en gran medida a las pandillas.

La Mara Salvatrucha (MS-13), la principal pandilla en El Salvador, puso recientemente sobre la mesa la posibilidad de “detener la violencia por la vía del diálogo” con Bukele, según una entrevista a un vocero publicada por la revista Factum.

“Confiamos en Dios y en el nuevo presidente Nayib”, dijo el vocero en nombre de toda la estructura, según recoge el medio.

Con información de bbc mundo

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