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Venezuela: relatos de un país al límite

3 de mayo de 2019

Los testimonios dan cuenta de la incertidumbre que se vive tras el fallido alzamiento militar del martes.

“Si mi mamá no te responde, es que le han cortado la luz y no tiene internet”, advierte Patricia, una venezolana que emigró hace unos meses y decidió afincarse en Córdoba junto con su marido y su pequeña hija. Efectivamente, la comunicación con su madre será imposible, al menos en buena parte del día de ayer.

Al desabastecimiento, la escasez de medicamentos, la falta de luz, entre otros inconvenientes, esta semana se agregó una deficiente conexión a internet, el único medio que tienen en Venezuela para informarse por afuera de los canales que maneja el Gobierno.

No será una semana más en el país caribeño. El autoproclamado presidente encargado, Juan Guaidó, lideró un intento de alzamiento militar para lograr el “cese de la usurpación” del presidente Nicolás Maduro. La asonada no tuvo éxito, y el líder chavista se mantiene a pesar de la enorme presión internacional.

El martes y el miércoles fueron días calientes. Hubo cerca de 300 puntos donde los manifestantes salieron a mostrar su descontento con la gestión de Maduro.

Hubo represión y detenidos, además de cuatro muertos y cientos de heridos, entre ellos, periodistas que cubrían los incidentes.

“Los periodistas nos acostumbramos a salir a la calle con chalecos antibalas, cascos y máscaras antigases. No estamos eximidos de la violencia”, cuenta Ronny Rodríguez Rosas, reportero del sitio Efecto Cocuyo y miembro de una ONG que documenta violaciones a los derechos humanos en el país.

Bloqueos selectivos

Rodríguez Rosas confirma los bloqueos selectivos a internet y la salida del aire de las señales CNN Internacional y BBC. “Cuando ayer hablaba Leopoldo López, durante esos 20 minutos, no hubo acceso a Facebook, Twitter, ni WhatsApp”, señala.

Las calles de Caracas se convirtieron en escenario de graves enfrentamientos. En una de las imágenes más impactantes, la TV mostró como una tanqueta atropellaba a un manifestante.

“Parece que no hay una salida pronta. Al menos hasta que no haya un alzamiento contundente”, agrega el periodista. Se refiere al apoyo de las altas esferas militares que sostienen a Maduro.

Por estos días, el Gobierno se ocupó de desmentir una versión que indicaba que el presidente estuvo a punto de tomarse un avión a Cuba, pero que Rusia, que tiene fuertes intereses económicos en el país, se encargó de disuadirlo. “Es difícil confirmarlo. No sabemos”, afirma. Y añade: “Leopoldo López dice que venía sosteniendo reuniones en su domicilio con comandantes generales. Eso no lo sabemos tampoco”.

En San Cristóbal, a 650 kilómetros al oeste de Caracas, vive Enio Yáñez, un ingeniero en Sistemas jubilado que en medio de la crisis debió volver a buscar empleo. “Vivimos una total incertidumbre. Nos enteramos de lo que pasa por los familiares que viven en el exterior”, cuenta. “Era impensable llegar a esto. Hemos tocado fondo, rebotamos y volvimos a tocar fondo”, agrega.

Enio ama a su país, pero siente que la situación se volvió insostenible. Sobre las alternativas para salir de la crisis, opina: “Lo del martes fue sorpresivo. Todos creímos que la gran manifestación iba a ser el miércoles. La gente se forma falsas expectativas y piensa que la solución tiene que ser inmediata. Pensamos que tiene que llegar el punto de quiebre. El apoyo internacional es bien visto. ¿La intervención de Estados Unidos? Para mí, es una medida de presión, y no una intervención real”.

Arnoldo es de Barquisimeto, la capital del estado de Lara, en el noroeste de Venezuela. Tiene 42 años y hace seis días llegó a Córdoba en busca de un futuro mejor. “Trabajaba como chofer de colectivo y ganaba unos diez dólares. Ya casi ni salen. No hay repuestos para los cauchos (neumáticos) ni combustible. Los carros que se rompen se guardan, no los pueden reparar”, cuenta el hombre que ya consiguió trabajo como albañil.

Su hipótesis del alzamiento fallido es que Rusia presionó a Maduro para que se quedara. “Los rusos tienen muchos intereses en Venezuela”, justifica.

Arnoldo dejó en el Caribe familiares y amigos. “Nos llamamos todos los días, pero no siempre logramos hablar. Cortan la luz a la mañana y por la noche. Yo les digo que no salgan. Casi no se informan de lo que pasa. A lo sumo, algo que ven en el Instagram”, cuenta.

El FMI pronostica que Venezuela tendrá una inflación de 10 millones por ciento este año. Por eso, Arnoldo anhela traer a sus padres, aunque ellos prefieran quedarse. “Los entiendo. No es fácil cambiar el modo de pensar”, cierra.

Fuente: La Voz

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