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YO DIGO: “Estar varado y ser el mal menor” [columna]

26 de marzo de 2020

La historia de un periodista argentino.

Voy a escribir por qué creo que está bien estar varado sin que el gobierno argentino quiera ayudar a repatriarnos. Lo escribo, vale aclarar, mientras estoy varado.

Salí de la Argentina en febrero, por lo cual no hablo desde la irresponsabilidad. Por supuesto, quiero volver. Ya saqué tres vuelos al país y los tres fueron cancelados por distintas prohibiciones. Muchas de ellas del Estado argentino.
La paradoja es que quienes no estuvimos en destinos de riesgo alto (yo estuve en Grecia y Líbano) suponemos menos interés porque somos menos. Los de España e Italia son quienes más presión hacen y más posibilidades tienen de volver (y quienes suponen mayor posibilidad de contagio).
Esta es una forma incómoda de pensar, porque supone calificar a la gente o suprimirle derechos basándose solo en dónde estuvieron (en ejercicio de su libertad). Y además lo dejas expuestos a un lugar de peligro. Es una forma incómoda, pero acaso necesaria.
El presidente Alberto Fernández claramente está intentando evitar a toda costa que la curva de casos se dispare. Si volvieran de golpe los más de 10 mil argentinos que están en Europa, estaríamos importando el virus. O eso es lo más probable.
Por eso creo que, aunque no lo digan, el gobierno no quiere ayudarnos a los argentinos a volver. Y pienso que si quedándonos afuera o volviendo de a poco logramos aplanar esa curva, algo estaremos haciendo bien desde nuestro lugar (o desde el lugar que no es nuestro lugar).
Lo que hace el presidente me parece un gesto Churchilleano (?), con pulso frío, con cierta injusticia (de la que debe ser consciente), pero pensando en el mayor bien común. Los varados no somos culpables de nada, somos ese “a toda costa”.
Como muchos otros, estoy seguro de no estar contagiado. Pero esa seguridad es pura pedantería. La verdad es que después de pasar por un aeropuerto europeo uno no puede saberlo.
Esto no significa que no quiera volver. Quiero hacerlo y cumplir con rigor mi cuarentena. Creo que con responsabilidad se puede volver y no ser un riesgo. Pero una cosa es decidir y actuar por uno. Y otra ser responsable de la salud de un pueblo entero.
Obviamente, hay excepciones. Gente que necesita volver de manera urgente. Esos casos debe atender el Estado. Yo hablo desde la conciencia de no ser un caso de urgencia ni de excepción. Solo me represento a mí.
Por eso si no me dejan volver, con verdadera frustración, con enojo incluso, lo voy a entender. Voy a hacer cuánto esté a mí alcance por regresar lo antes posible, pero no voy a agitar un discurso de rabia o indignación (aunque entiendo a quienes así les sale).
Me gusta ver la resignación como un gesto patriótico. Quiero volver. Desesperadamente. Quiero vivir esto junto a la sociedad de la que soy parte. Estoy volando a México desde Atenas para estar lo más cerca posible y poder tomar un vuelo si aparece.
Pero si no, quedo manso en algún lugar baratito que encuentre y a reportar mí cuarentena Latinoamericana. Que la paciencia sea nuestro grito de guerra para cuidar a los que están en mayor riesgo.
Y una última aclaración: me cuesta cada peso que gasto estando afuera, como a todos. Tampoco creo que sea justo ni adecuado el discurso de clase. Esto debiera hacer de la sociedad un solo ejército, sin banderas ni fusiles.
He dicho.


Joaquín Sánchez Mariño – Periodista argentino

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