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YO DIGO: Mi Cruce de los Andes [columna]

27 de enero de 2020

Tres días de pura adrenalina y sentimientos a flor de piel.

La 18º edición de la carrera El Cruce de los Andes, en esta ocasión transcurrida en el parque Nacional Lanín y con San Martín de los Andes como ciudad anfitriona, fue para mí una locura increíble.

Se trata de una carrera donde se recorren 100km aproximadamente en tres etapas, donde cada año se cambian los recorridos. En esta oportunidad corrimos por senderos en el Volcán Lanín y atravesando escenarios de montaña, nieve, bosques, barro, cruce de ríos, arroyos y mucha aventura.
En mi experiencia fueron tres días de pura adrenalina, de emociones y sentimientos a flor de piel. Tuve la oportunidad de correrla en equipo junto con una amiga de mi running team y fue una experiencia única.

Es emocionante todo lo que se vive desde el día uno, desde los paisajes que se pueden apreciar, la logística de la carrera, la calidad humana de los corredores y los valores y enseñanzas que deja este tipo de carrera para la vida. Y con esto último me refiero a que al correr en equipo uno tiene que dar lo mejor que tiene para poder avanzar y cumplir con el objetivo, en donde es imprescindible el compañerismo, la empatía y la solidaridad. Donde hay que dejar el ego de lado y poner el objetivo del equipo por sobretodo. Pero también saber entender al otro cuando no puede dar un paso más y necesita frenar para recuperar, o al revés, cuando en el medio de una subida uno siente que está agotado, que no puede seguir más porque los músculos están fatigados y la cabeza pide frenar pero sabe que tiene que seguir como sea, porque no es solo por uno sino por el otro también y abandonar significaría perjudicarlo.

Un detalle no menor es que ambos tienen que tener fortaleza mental para poder empujarse psicologicamente cuando alguno está cansado y así poder llegar a cruzar el arco final. Son tres días, en donde hay partes de los recorridos que son complicadas, en donde el cansancio y agotamiento físico se va sumando, el cuerpo va dando señales y es ahí donde no hay que dejar que la cabeza gane. Y acá es fundamental el aliento del compañero y la empatía que mencioné anteriormente.
Estas vivencias fortalecen amistades, vínculos y personalidades y para mí esta carrera no hubiese sido la misma sin mi amiga con quien día a día nos fuimos complementando para dar todo lo que teníamos como equipo.

Me gusta hacer hincapié en que es una carrera donde se viven distintos sentimientos al mismo tiempo. Hay muchos momentos donde se sufre pero ese sufrimiento es contrarrestado por la belleza de la naturaleza, por la paz que se siente en esos lugares en el medio de la nada, por el sol y la brisa que te pegan en la cara, por la adrenalina de la aventura en sí.
Es un sufrimiento en medio de la felicidad. Es sentirse vivo. Y es aprender a apreciar las cosas sencillas de la vida que van llenando el alma. Más aún cuando todos esos sentimientos pueden ser compartidos con un amigo o un ser querido. Y es un poco como en la vida, no es lineal, no es color de rosa, por momentos es dura como una subida bien empinada o una bajada llena de piedras flojas, y por momentos se transita con tranquilidad como en un sendero llano con una vista a un lago turquesa. Por momentos llena de alegría como la satisfacción de haber cruzado el arco con todo el esfuerzo que eso significa o llena de adrenalina como el momento de bajar corriendo a toda velocidad por la nieve.
Y lo importante es como transitamos esos momentos más difíciles y la actitud y fuerza que sacamos de donde sea para cumplir con nuestro propósito, porque por más duro y sufrido que sea el camino, si uno quiere siempre se puede. Y para los momentos más lindos, divertidos y tranquilos disfrutarlos al máximo, compartirlos y guardarlos como un tesoro. Por estos motivos y muchos más la correría una y mil veces más.

Con respecto a la logística de la carrera, son tres días donde la largada es por la mañana y la llegada es a las bases del campamento en donde te reciben con las carpas armadas y comida. En esta ocasión fueron en lugares con lagos y vista a las montañas. Ellos transportan tus pertenencias de un campamento a otro y está incluido el desayuno, almuerzo, merienda y cena. A parte de esto, cada recorrido cuenta con puestos de hidratación donde hay bebidas y comida para recuperar energía.

Para la carrera, hay elementos obligatorios que tiene que llevar cada corredor, lo cuales son una mochila que pase por los hombros, 2lts de agua, campera impermeable, remera térmica y la provista por la organización, gorro térmico, polar, una vivisac y una manta térmica de supervivencia. Pero también hay elementos recomendados como son el uso de bastones, que en mi caso fueron muy útiles y los recomiendo porque ayudan a no sobrecargar los músculos y te facilitan la carrera; y alguna provisión de comida como dulce de membrillo, geles, gomitas, turrones o barritas de cereal, según preferencia, para reponer energía.

Recomiendo esta carrera a todo aquel que le guste el deporte, la aventura y la vida en la naturaleza.

Lic. María Simaro (MN 15627)
Kinesióloga – Participante del 18° Cruce de los Andes

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